11/6/13

Todos tienen pedigree

El otro día pasó en el albergue una de esas circunstancias que, si no hubiera oído directamente, nunca hubiera creído.

Se trataba de alguien que deseaba adoptar uno de los perros de la protectora. Hasta ahí todo normal. Lo curioso es que, al verlo y comprobar que parecía al menos de <<raza>>, preguntó acerca de si poseíamos el pedigree del mismo. 
Mi compañera, guiada por la sinceridad, le contestó que no, que no poseíamos dato alguno de su pasado, al fin y al cabo, era abandonado. Pero el hombre se molestó y, enfadado, siguió preguntando sobre dicho certificado. Después, finalmente se marchó.
Sin embargo, creo que mi compañera se equivocó. Por eso, me permito desde aquí escribir a aquel señor y mandarle a través de estas letras una carta, acompañando al deseado certificado oficial de los orígenes nobles del citado animal.

        Estimado desconocido,
Espero no molestarle pero, mientras limpio una de las jaulas, le escucho a través de las rejas de la misma, pidiendo a mi compañera el pedigree de un perro del albergue. 
Lo siento. Se equivocó al responderle. Por supuesto que lo tiene. Todos los animales del albergue lo poseen, cada uno de ellos lo lleva escrito sobre su piel. 
¿Se fijó en la cicatriz del de la jaula del fondo? Se lo hicieron al arrojarlo desde un coche en movimiento. 
¿Y en la tristeza de aquel que le miraba fijamente? Sus ojos, sin necesidad de papel alguno, certificaban que se está muriendo de pena.
¿Se dio cuenta del gato que se cruzó delante suyo? Llevaba sus siete vidas colgando de una pata que arrastra. 
Todos tienen su pedigree. Unos lo llevan en forma de cojera. Otros lo muestran en sus huesos marcados, con las costillas rotuladas por el hambre.
¿Y la perra en la que se fijó? Ella también. Se lo facilito: 
 Parentescos filiales: Hija, probablemente "ilegítima" pero tan legal como cualquier otra, de una yorkshire de raza acomodada y un perro callejero. 
 Por parte de madre: heredera de muy alta cuna, aristócrata canina con dueño y familia. 
 Por parte del padre: especialista callejero, campeón del mundo en pasar frío.
 Su línea genética es un clásico perfecto: Cuatro patas, dos orejas, tres ladridos y una sonrisa permanente en forma de rabo que agita en el aire.
 Circunstancias de su vida: Abandonada. Puede que maltratada. 
 Carácter: Juguetona y alegre. Se derrite cuando alguien se acerca a ella y le llama… y tan pura de corazón como todos los del albergue.

Ya lo ve. Por supuesto, el presente pedigree está garantizado. 
Y éste es auténtico, no como algunos de esos que circulan por ahí.
Sin embargo, para más señas, ¿sabe dónde de verdad se nota la alta alcurnia de todos los perros del albergue? No lo dude, en cada uno de sus lametazos. Se lo aseguro, son simplemente perfectos.


Raúl Mérida

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