14/2/16

Un zorro llamado Matías

Romper el alma a un animal es condenarlo a la soledad más absoluta.


Existe una expresión muy usada en el mundo de los animales –hace poco, el mismo Frank de la Jungla la utilizó para referirse al trato que reciben los que son usados en espectáculos de circo, feria o incluso, en los propios platós de televisión- y que hace referencia a las mil y una formas que el ser humano ha inventado para  conseguir <<romperle el alma a un animal>>
¿Y qué significa eso? Verán, es tan triste como sencillo, quebrar el alma a un ser vivo es romperle por dentro, desprenderle de su identidad, separarle de su ser y así, convertirlo, poco a poco, unas veces en un peluche o un muñeco y otras muchas, simplemente en basura, en una especie de objeto de desecho que -pese a que siente, respira y sufre- a nadie le importa ni interesa. 

Como decía antes, hay muchos ejemplos y de todo tipo pero, si me lo permiten, les presentaré a algunos de sus protagonistas porque al fin y al cabo, nada mejor que conocerles para comprenderles.
Empezaré por India. India es el nombre de una perra cualquiera. En realidad, si me apuran, es el nombre de cientos de perras y gatas a las que bauticé así en el mismo momento en el que las conocí. Unas veces eran blancas, otros negras, otras a manchas, grandes, pequeñas, cachorros y la mayoría adultas sin más raza ni estirpe que el hambre que sufrieron antes de ser recogidas. 
Todas fueron abandonadas  por sus dueños, encontradas vagando en la calle y por supuesto, sin dato alguno que pudiera darnos la más mínima pista de su pasado. Y así, los albergues y refugios de toda España están llenos de Indias, Lunas, Perlas, Tobis y Canelos  que por no tener, no tienen ni siquiera a una familia que les quiera.  
Con un poco de suerte o mejor dicho, con mucha suerte, es posible que algunos de ellos sean de nuevo adoptados por una familia e incluso que éstas consigan con mucho cariño volver a unir los trocitos desechos de su alma, pero inevitablemente, las secuelas de lo vivido por el animal perduraran durante muchos meses en su cuerpo. Son ejemplos vivientes de animales a los que desgraciadamente,  un mal día les rompieron el alma.

¿Me dejan ahora que les presente a Lupus, Doroteo o al gran Matías, por ejemplo?
El primero es un lobo ibérico que tenemos recogido en el Arca. Vivía en un parque que cerró sus puertas al comienzo de la crisis económica. El caso es que ocurrió lo de siempre. Los animales de mayor valor y belleza fueron reubicados en centros de toda España pero al final, quedó Lupus. Y no es que él no fuera un ejemplar espectacular de lobo, lo que ocurre es que lo criaron a biberón y no conocía forma alguna de cazar para comer, salvo acercarse al cuenco donde ponían su comida. Así que el centro en el que vivía pidió autorización para sacrificarlo pero afortunadamente, nos enteramos a tiempo y pudimos salvarlo trayéndole al Arca.
Con él hemos vivido muchas aventuras de las que probablemente, la más sorprendente de todas ellas fue la que sucedió cuando lo traíamos para Alicante. Lupus destrozó primero el trasportín en el que viajaba, después rompió el cristal de la furgoneta y finalmente, saltó de la misma. Sí, se escapó y durante 48 horas fue libre. ¿Libre para huir a la montaña? ¿Para buscar parajes naturales? ¿Para localizar a animales de su propia especie? Sí, pero no... Él ya no podía hacer eso. Su alma estaba rota. Tenía cuerpo de lobo pero mente de perro y por eso, su libertad sólo le permitía buscar presencia humana cercana que le diera consuelo y comida fácil. Lupus se encaminó hasta  un merendero y permaneció comiendo sobras en el hasta que pudimos  rescatarlo. 

Doroteo, por el contrario, es un emú –parecido a una avestruz pero más sociable y de menor tamaño- que picotea todo lo que puede y le gusta acompañar a todo aquel que entra en el recinto en el que ahora vive. A Doroteo lo compraron en una tienda y lo llevaron a un chalet a modo de gallina pero, claro, no lo era. Y un día, una intervención policial nos lo trajo hasta el Arca. Sin embargo,  para entonces ya Doroteo no era un emú, más bien era una especie de mezcla entre gallina, gallo y animal de compañía. En definitiva, a él también le habían roto el alma. Nunca podrá ya vivir con otros de su misma especie porque, pese a haberlo intentado, no los reconoce como iguales y se pelea continuamente con ellos. A Doroteo le robaron su naturaleza y lo convirtieron para siempre en un ser solitario. En fin...

Por último, no me resisto a presentarles a una de nuestras últimas incorporaciones, me refiero al <<gran Matías>>
Matías es un precioso zorro aunque, en realidad, la vida que ha llevado lo ha convertido más en un perro que en cualquier otro animal. Pese a su hocico afilado y a sus saltones ojos, el zorro Matías, responde con movimientos de rabo, de lado a lado cuando le llamas por su nombre. Se deshace en lloriqueos cuando lo acaricias y sólo quiere que estés a su lado para sentirse lo que en realidad él cree que es, un animal de compañía al que criaron a biberón y hasta esterilizaron.  
Desgraciadamente, Matías ya nunca podrá vivir libre, también él tiene el alma rota.


Ya ven, esas son solo algunas historias de animales pero conozco mil más, todas ellas con nombre y apellidos… Leones, tigres, pumas, monos, serpientes y hasta mofetas que viven hoy en pequeñas jaulas de toda España, en casas particulares por el capricho de alguien que un  mal día decidió, literalmente, romperles el alma para siempre.


Raúl Mérida



Nota: En el Arca de Noé rescatamos aquellos animales salvajes que necesitan ayuda. Más información en: www.fundacionraulmerida.es o www.animalesarcadenoe.com
En el albergue de animales de la Protectora de Alicante acogemos y protegemos a aquellos animales de compañía abandonados que buscan un nueva familia. Más información en: www.protectoraanimalesalicante.org


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