11/10/12

¿Tiene precio la vida?



Kalma, la mona fruto del tráfico y capricho


Un camión atraviesa a toda velocidad una vieja carretera perdida cerca de Argelia. Necesita llegar a tiempo al puerto de Oran.  En su interior viaja el botín de toda una noche de caza. 

Cientos de monos bebés, metidos en jaulas, alargan sus manos para rozar los brazos de sus madres que viajan al otro lado, encerradas en otras jaulas. 

El vaivén del coche, cada cierto tiempo, junta involuntariamente los hierros de una y otra y los brazos de hijos y madres se agarran durante unos segundos. El ruido del motor no se escucha. Sólo se oyen gritos y lloros. Finalmente, llegan a su destino: un almacén en el mismo puerto donde se realiza el negocio. 

Las crías, apenas unos bebés, son entregadas a traficantes que, las introducen una a una, en gruesos calcetines para inmovilizarlas. Luego las colocan en mochilas. 

De todas ellas, sólo llegarán vivas a España dos o tres, a lo sumo. El resto morirán de asfixia en el trayecto.
Vendidas allí a tres euros, en nuestro país alcanzarán el precio de tres mil euros.
Kalma es una pequeña monita de Gibraltar. 
Procedente del norte de África, su cuerpo apenas alcanza los tres años de edad. Tiene las manos suaves, ojos muy grandes y mirada humana. 

Hasta hace unos meses vivía en el patio de un bungalow de Alicante. Su jaula, por carecer, carecía hasta de puerta. Era un pequeño enrejado de vallas y hierros apenas superior a su tamaño, construida sobre una pared de la que colgaba. El suelo era de alambre para que sus excrementos y orines cayeran directamente al suelo.
Su situación era insostenible. Suciedad, hambre, soledad.
Sus dueños la habían comprado en internet. Ningún papel, ninguna factura. Todo ilegal.
Cuando pudimos cogerla en brazos y sacarla de su encierro sólo tuvo fuerzas para acomodarse cerca de nuestro pecho, cerrar sus ojos y dejarse llevar. Ella lloró y nosotros, también.

Kalma hoy vive en nuestro centro de rescate del Arca de Noé del Roal en Alicante, junto a otros monos que, como ella, un día fueron vendidos y comprados en el mercado negro. Desgraciadamente, el hombre, el menos civilizado de todos los animales, sigue poniendo precio a la vida y condenando a morir entre rejas a quien nació para ser libre.


Raúl Mérida