Historias increíbles

Tigres y leones en pisos, pumas en chalets, linces, monos, serpientes...

Historias que ellos no pueden contar

Debemos hacer eco de sus historias; rescates, maltratos...

Historias que podrían haber sido la última

Cachorros, ancianos, con pedigree, inválidos... Da igual su raza y "valor".

Historias de rechazo

Muchos son abandonados cuando dejan de ser "útiles".

Historias de supervivencia

Historias que narran la lucha por sobrevivir al abandono.

22/9/15

El último animal abandonado

El primer animal abandonado que vi fue un galgo. Los penúltimos, dos gatos: Lluvia y Solo. Entre ellos, cientos de perros, gatos, mapaches, monos... Sin embargo, siempre hay un último animal, en mi caso, más de cien pájaros medio asfixiados que transportaban en el interior de una caja esta misma semana.

Tan importante como la primera, es la última vez.
Tenía apenas diez años cuando un día de verano mi abuelo decidió realizar trabajos de limpieza en un terreno que tenía con frutales y huertos. Recuerdo perfectamente aquella mañana; 

Era verano. Las puertas de la finca, casi al amanecer, se abrieron de par en par y una cuadrilla de trabajadores entró dentro. Tras organizarse la faena, comenzaron a limpiar el campo. 
El caso es que, entre tanto trajín, entre tanto ir y venir, de pronto apareció por allí un perro. Era blanco y delgado. Nadie le acompañaba. Nadie sabía de él. Hambriento y medio desconfiado, hoy tengo claro que, aquel pobre y triste perro, fue el primero abandonado que veía en mi vida. 
El animal pasó el día entero con nosotros. Supongo que, para él, tener algo que comer aquel día fue una novedad pero, al caer la tarde, los trabajos finalizaron y lo perdí de vista. Me extrañó y comencé a buscarlo pero, entonces, escuché un frenazo y un golpe seco, cuyo ruido venía de una carretera que pasaba cerca de la casa. Salí fuera y, desde el muro, lo vi tumbado junto al arcén. Aún respiraba mientras, bajo su cuerpo, un charco de sangre empezaba a envolverlo. 
Llamé a mi abuelo llorando pero, ya era tarde, nada puedo hacer por él salvo enterrarlo.

En aquella época no existía en aquel pueblo perdido de Andalucía, ningún teléfono al que llamar, no existía servicio de recogida de animales abandonados al que avisar, no existía albergue ni refugio para animales abandonados alguno y, lo que es peor, a día de hoy creo que sigue sin existir.
Por eso, cuando últimamente escucho que en algunos municipios del norte de España empiezan a abogar porque no se recojan los animales abandonados de la calle y nos lo presentan como una alternativa en consonancia con nuestros tiempos, no puedo sino recordar a aquella España profunda que, ya ven, ahora sin comerlo ni beberlo, atendiendo a estas nuevas tendencias, se han situado en la vanguardia de la modernidad.

Fíjense, fue, nada y nada menos, que el 1 de julio de 1927 cuando el gobierno de España estableció la obligación de recoger animales abandonados en la vía pública, antes no había nada de nada. El primer servicio de recogida de animales abandonados se instauró, meses más tarde en Zaragoza y se trataba de un triste carro arrastrado por mulas, con jaulas para perros en su interior.
Creo, sinceramente, que desde entonces hasta ahora mucho se ha avanzado, por eso pienso que la cuestión no debe estar en la recogida de animales, sino en lo que motiva la misma, es decir, en el abandono. Eso es lo que realmente separa a España de Holanda, Francia o tantas otras naciones avanzadas donde no existen planteamientos de este tipo porque, simple y llanamente, no existe abandono de animales.
En esos países, por ejemplo, la esterilización, poderosísima arma contra el abandono, no es una opción sino una obligación ética hacia nuestro animal y hacia la sociedad como forma de evitar el nacimiento de animales para los que no existen dueños y, menos aún, buenos dueños para todos ellos.
Mientras  el abandono siga campando a sus anchas en España, me temo que muchos perros, gatos, animales exóticos y hasta tigres y leones, serán víctimas de él.

Les contaré sólo dos casos tan reales como el primero que les relataba al comienzo. A uno le han llamado “Lluvia”. Se lo encontró uno de esos ángeles que viven entre nosotros cuando iba camino de su trabajo. Se trata de un gato de apenas dos meses, casero a más no poder. Apareció en la calle el día de las fuertes lluvias. Asustado, empapado, temblando de frío y miedo… Fue recogido de la calle, rescatado de la muerte y hoy vive adoptado por aquella persona que se lo encontró.
El otro se llama “Solo”. Fue abandonado ciego en la calle. Con los ojos apagados por una infección galopante apareció en un rincón de un portal. Solo, completamente solo. No veía nada. ¿Se imaginan? Sólo escuchaba los pasos de la gente, el ajetreo de la calle y el ruido de los coches al pasar… Lo recogimos, lo operamos y lo curamos… Y así, hoy los dos tienen esperanza. 
Uno ya está en una casa y el otro lo estará dentro de poco. 

Sin embargo, la historia continúa. Supongo que  hubiera sido demasiado bonito, dentro de lo dramático de cada uno de esos casos, que “Lluvia” o “Solo” fueran mis últimos animales abandonados… Mientras escribo estas letras, me avisan de la aparición de una caja con cientos de pájaros medio asfixiados en su interior, todos víctimas del tráfico ilegal de especies. 
Y quizás, esto es realmente lo más duro… saber que, mientras no cambien las leyes y las conciencias, nunca habrá un último animal abandonado en nuestro país, siempre habrá alguno que llegará después. 


Raúl Mérida



Nota: En el Arca de Noé rescatamos aquellos animales salvajes que necesitan ayuda www.fundacionraulmerida.es  o www.animalesarcadenoe.com 
En la protectora de animales de Alicante a aquellos animales de compañía abandonados que necesitan un hoga:. www.protectoraanimalesalicante.org  




El último animal abandonado

21/9/15

Verano animal

España, por desgracia, es una potencia europea en abandono y maltrato de animales pero, seguramente, este verano los españoles hayamos batido nuestro propio  record mundial y, desde luego, no es ningún orgullo. Todo lo contrario. Es una de nuestras mayores vergüenzas nacionales.

Verán… Mientras media España se iba de vacaciones y las playas se llenaban y los chiringuitos reventaban, mientras muchos conocían países lejanos y culturas de lo más exóticas, aquí, en España, seguíamos instalados en una de nuestras costumbres más arraigadas que tenemos, esa  que nos convierten, tristemente, en uno de los países que más animales abandonados produce por minuto…. ¿Que debiera estar acostumbrado ya? Quizás. Pero no lo estoy. Es más, espero, sinceramente, no estarlo nunca. 

Además hay cosas que, ni entiendo, ni quiero entender. Por ejemplo, ¿por qué este año han aparecido más que nunca camadas de perros y gatos en contenedores de basura? No digo en los alrededores de éstos, me refiero directamente en el interior de los mismos. ¿Qué tipo de personas, mejor dicho, qué tipo de miserables son capaces de arrojar entre bolsas, botellas vacías y basura, a unos cachorros de apenas unos días o incluso minutos de vida?  ¿No es bastante con abandonarlos? Está claro que la basura son ellos, personas muertas que quizás respiren, caminen y hasta hablen pero, desde luego, ¿sentir?, no sienten nada.
Nunca podré olvidar la expresión de tres pequeñas crías de gato que, con apenas unas horas de vida, fueron encontradas este verano en una simple papelera del centro. Hoy son animales adoptados, sí, pero, siempre que los recuerdo, pienso: ¿Cuántos como ellos morirán cada día sin que nunca nadie sepa que una vez existieron?
¿Y los perros? Todos los veranos la misma historia. El mejor amigo del hombre, cuando es  abandonado, se convierte en el mejor amigo del hambre. ¿Qué me dicen de los arcenes de las carreteras cuando se llena de ellos? Perros sin raza y con raza. Todos puro hueso de pura hambre. Famélicos y tristes, avergonzados por su mala suerte como si fuera culpa de ellos, intentado oler el camino de vuelta a casa.

Y no crean, este año la cosa fue a más. Sí,  el abandono no sólo  fue terrestre, también "aéreo". Las alturas comenzaron a llenarse de perros abandonados. Probablemente nunca nuestros bomberos realizaron tantas intervenciones en balcones de la ciudad. No, no se trataban de incendios ni fuegos. Fueron, nada más y nada menos, que perros a los que sus dueños dejaron encerrados en terrazas y nunca más volvieron. 
Recuerdo perfectamente una de las llamadas que recibí:
─ Se trata de dos perros abandonados en un quinto piso - me dijo -. Al principio nos extrañó a los vecinos. Nadie aparecía para darles de comer. Ellos comenzaron a ladrar y nosotros a alimentarlos como podíamos. Ha sido muy duro ver cómo pasaban los días y se iban consumiendo.
─ ¿Y  de dónde bebían? - le pregunté -. De los charcos que al tirarles el agua formamos sobre el suelo del balcón.
¡Imagínense! Como esa, muchas otras llamadas, y siempre la misma historia. Sólo variaba la calle y la  altura de la vivienda.

Pero, no crean, aún siendo malo todo lo anterior, no sé si fue peor cuando descubrimos que en algunas zonas de la ciudad empezaban a aparecer animales mutilados, con las patas partidas o ya muertos. Todos ellos fueron golpeados y apaleados. Nunca puedes llegar a imaginar que alguien puede ser capaz de algo así. 
Por eso digo que ha sido un verano duro, muy duro, repleto de rescates de animales a los que fuimos, después en nuestro centro, sacando  adelante uno a uno. Y no, eso tampoco ha sido fácil, nada fácil. 
Los animales abandonados llegan a los albergues deprimidos, tristes, enfermos…  Sólo gracias al personal y a los voluntarios y a las casas de acogida y el apoyo de otras asociaciones y a todos esos veterinarios que colaboran con su tiempo y su ciencia en curarles las heridas del cuerpo y del alma, conseguimos devolverles la esperanza e ir, poco a poco, encontrando familias para todos ellos. 
Y, por supuesto, no somos un caso aislado, como el nuestro muchos otros albergues y, ya hasta particulares, han luchado este verano y seguirán luchando desesperadamente por ofrecerles una oportunidad, difundiendo constantemente, buscando adoptantes, denunciando…  No hay trincheras, ni refugios para una guerra en la que, tristemente, siempre pierden los mismos, los animales.

Por eso me pregunto cada año al llegar esta fecha lo mismo; ¿Por qué? ¿Por qué cada año cientos de miles de animales son abandonados y maltratados en nuestro país? ¿Por qué hay personas capaces de cambiar unas semanas de vacaciones por el amor incondicional de su mejor amigo? ¿Por qué?...  Nunca lo entenderé.


Raúl Mérida




Nota: En el albergue de animales de Alicante, en el Camino Viejo de Elche, viven muchos animales abandonados esperando familias que decidan adoptarles y darles de nuevo una oportunidad. Mientras tanto la Protectora de Animales de Alicante cuida de todos ellos.

Verano animal

21/6/15

¿Verdad o mentira?


Por mucho que se repita una mentira... nos se convierte en verdad.

Cuentan que, antiguamente, "la verdad" y "la mentira" eran inseparables amigas hasta que una noche calurosa decidieron bañarse en un lago cercano. Durante el baño se produjo una fuerte discusión entre ambas y juraron que jamás volverían a verse. Las dos salieron deprisa y sin darse cuenta, cada una de ellas se puso la ropa de la otra. Desde entonces dicen que es muy difícil ser capaz de distinguirlas.

Si algo compartimos todos los seres que poblamos este planeta son las miles de leyendas que adornan nuestras vidas. Historias en su mayoría inventadas que nos encumbran a lo más alto o bien, nos estrellan directamente contra el suelo. 
Las hay de todos los tipos. Desde bulos aparentemente científicos hasta multitud de falsos mitos y creencias revestidas de ciencia. Internet ha servido convenientemente para facilitar y amplificarlo todo lo que en la práctica nos ha llevado a vivir instalados en el fascinante mundo de la mentira. Por supuesto, los animales no se han librado de ello.
Leía hace poco en un servidor de noticias cómo alguien afirmaba que las palomas realizaban sus excrementos de color blanco sobre los coches negros y de color negro sobre los coches blancos. ¿Ustedes qué creen? ¿Verdad o mentira? 
Existen dos teorías, más o menos científicas, dedicadas a la explicación de este asunto. Una se basa en el ser humano y la otra en el animal. Para los seguidores de la primera el asunto es sencillo. Consiste en que en realidad, es el ojo humano el que se auto engaña por el contexto que rodea al excremento. Así, si el coche es negro, nuestra tendencia será ver el excremento blanco. Si por el contrario, el vehículo es blanco, entonces nos dará la sensación de que la deposición es negra. 

Sin embargo, hace poco se realizó un estudio que aporta nuevos datos al respecto y ha dado lugar a la segunda teoría. Según viene a concluir ésta, el motivo es más animal que humano. La razón que explicaría todo es que el color negro provoca en las palomas un estado de excitación en los ovarios que, a su vez, les causa una especie de diarrea. Ese y no otro, sería el motivo de que sus excrementos sean de un color más claro. Por el contrario, el color blanco provoca en ellas lo que se conoce por constipación o estreñimiento, lo que daría lugar a excrementos más oscuros. 

¿Qué respuesta es la correcta? En realidad, seguramente, en parte son las dos.
Éste es sólo un ejemplo y además, inocuo para el animal pero, por el contrario, existen muchos otros que no sólo han causado un daño irreparable, sino que, además, han destrozado la vida de muchos animales. Por ejemplo, esa creencia ampliamente extendida que se refiere a que al menos, las perras y gatas han de criar una vez en la vida, como única manera de evitar la aparición de cánceres y tumores malignos.
Durante años se repitió dicha afirmación como si fuera un mantra que pasaba de padres a hijos. Aún hoy es frecuente escucharlo y sin embargo, es absolutamente falso. De hecho, está demostrado que no sólo no tener crías no acorta la vida de los animales sino que, al contrario, la alarga y la llena de calidad. Ya ven. 
Esas patrañas en contra de la esterilización de los animales afectan incluso a los más salvajes. Recuerdo cuando quisieron convencerme, en su día, de que esterilizar a un león era condenarlo a morir a los pocos meses. Se lo aseguro, nada más incierto. Y no es que sea plato de buen gusto esterilizar a los animales sin más pero, indudablemente,  sí es lo mejor para luchar contra el abandono constante en el caso de los animales de compañía o, también, para evitar que nazcan animales salvajes obligados a vivir en una triste jaula toda la vida. 
El caso es que, volviendo al tema que nos ocupa, la realidad es que el ser humano opina, juzga y sentencia, sobre todo lo que no conoce con la ignorancia que le caracteriza, que no es poca. Sería algo así como que lo que no conocemos, no existe y lo que no existe, nos lo inventamos. 

Así, por ejemplo, afirmamos un día sí y otro también, que los delfines son muy simpáticos porque siempre se están riendo –sin pensar que la formación risueña de su boca es pura morfología pero que,en ningún caso, nos indica su estado de ánimo. Dicho de otra manera, un delfín puede estar deprimido pero, no por eso, su cara deja de tener ese gesto alegre-. 
Tampoco los chimpancés son animales simples, primitivos o algo payasetes. Más bien todo lo contrario. Son serios e hipersensibles con un gran mundo emocional. Algo que nos hemos empeñado en ignorar. 
¿Y qué decir de los burros o de los cerdos? Animales superdotados con altas capacidades cognitivas que, sin embargo, son relegados al insulto por el ser humano. 
¿Ven lo que les decía?
Todo ello hace que sigan pululando por ahí, sin remedio, ideas incomprensibles y equivocadas que, instaladas en lo más profundo de nosotros,  nos advierten, por ejemplo, de que los peces traen mala suerte –lo que ha hecho que muchos hayan acabado en nuestro país tirados directamente por los retretes de muchos baños- o que los gatos negros son una maldición de Dios -lo que provoca que la mayoría de ellos acaben abandonados-. 
En fin.

Un proverbio africano  dice que hace falta un pueblo entero para educar a un niño. Por eso, quizás, nuestros hijos superen todas estas creencias el día de mañana pero, no se engañen, sólo lo conseguirán si hoy comenzamos a superarlas nosotros.


Raúl Mérida



Nota: En el Arca de Noé rescatamos aquellos animales salvajes que necesitan ayuda. Más información en: www.fundacionraulmerida.es  o www.animalesarcadenoe.com



¿Verdad o mentira?

14/6/15

Más que madres, ¡madrazas!

No hay mayor fuerza conocida en la naturaleza que la de una madre.

Cuando hace tan sólo unos días  descubríamos la historia de  Scarlett, una gatita callejera que salvó una a una  a sus crías de que se quemaran vivas al salir ardiendo el  edificio abandonado en el que había dado a luz, nos llega ahora la historia de la famosa cigüeña de Brunete.

¿Han visto las imágenes? Pocos se imaginaban lo que ocurriría cuando, por culpa de un incendio, las llamas rodearon el majestuoso ayuntamiento madrileño de  Brunete. 
Los planos, grabados con un móvil y emitidos por las televisiones nacionales, han dado ya la vuelta al mundo.
Ver la escena sobrecoge y pone los pelos de punta. En ella se recoge claramente cómo una cigüeña madre, angustiada por la fuerza del fuego, decide arrojar a sus dos polluelos del nido al vacío antes de que las llamas acaben con sus vidas. 

Las crías, afortunadamente, amortiguaron el impacto contra el suelo aleteando las pocas plumas de sus alas. Ahora se recuperan en un centro especializado de la capital.
La verdad es que considero que no hay fuerza más prodigiosa que la de una madre, la he visto en muchas especies de animales y siempre me ha parecido infinita. 


Se repite todos los años cuando la fiesta de la vida nos visita en primavera. La muestran las lobas que se enfrentan a cualquier animal, incluido el hombre, si creen que pueden ser un peligro para la vida de sus crías. En esos casos no dudan en entregar la suya a cambio de la de sus hijos.

También aparece claramente en los animales salvajes de nuestro entorno más cercano. 
Si nos acercamos a las zonas de humedales, desde las casetas de avistamiento y los centros de interpretación, podremos ver a estas alturas, por ejemplo, a las avocetas y las cigüeñuelas, en plena crianza de sus polluelos.
Ellas, al percatarse de nuestra presencia, representaran ante nosotros uno de los bailes más hermosos que puede regalarnos la naturaleza. Lo bauticé hace tiempo como  "el baile de la herida" y no es sino una manifestación más de la defensa de las crías por parte de sus madres.
Este ritual se reproduce siempre de la misma forma. Todo comienza cuando la hembra observa alarmada como nos acercamos a la zona donde están sus hijos. En ese mismo instante parecen saltar todas las alarmas de su cuerpo. Para ella somos, sin duda, un peligro cierto para su descendencia y, ante eso, todo vale.
Por eso, inmediatamente, observaremos como, rápidamente y volando, inicia una maniobra de acercamiento a nosotros. Sin embargo, no lo hará en línea recta ni marcando en el aire un vuelo majestuoso y perfecto, ¡para nada! Lo hará dando giros y más giros sobre nuestro cuerpo, subiendo y bajando en el aire, una y otra vez. 
¿Está loca? ¿Vuela, quizás, bajo los efectos de una repentina enajenación o demencia? No lo crean. De nuevo apelo, como en otros artículos, a la interpretación de su lenguaje. 
Veamos… Para empezar, no nos está atacando como podríamos pensar, está simplemente llamando nuestra atención, intentando que no la perdamos de vista en ningún momento, es más, realmente lo que está es pidiéndonos que seamos nosotros la que le ataquemos a ella. 
Pero, les sigo explicando… Verán, el animal, al comprobar cómo ante su presencia, no se produce reacción alguna por nuestra parte, comenzará a bajar al suelo, es decir,  se posará sobre la  tierra y comenzará a andar como si tropezara con el aire, como si un objeto invisible no le permitiera andar bien, en definitiva, lo hará como si tuviera una pata rota o lastimada y no pudiera apoyar la misma. 
¿Y por qué hace todo eso? Se preguntarán ustedes. El motivo es sencillo. Para ella nosotros somos un grave peligro y su primera opción es pensar que somos una amenaza aéreo, es decir, una especie de ave depredadora con un único objetivo: alimentarse de sus crías. 
Sin embargo,  al ver que no echamos a volar tras ella, cambia totalmente su estrategia. 
Entonces, decide bajar al suelo convencida de que debemos tratarnos de algún animal terrestre, un zorro en busca de comida, por ejemplo.
Pero ¿qué le mueve realmente a ese comportamiento? Evidentemente, defender a sus crías, eso está claro pero, hay más.  
Ella cree que si nosotros nos acercamos a sus hijos, es porque queremos alimentarnos de ellos. Así que piensa: Si quieren comerse a mis hijos es porque tienen hambre. Y si tiene hambre, les será más fácil y atrayente comerme a mí que, por un lado, soy más grande y, por otro, aparento estar herida, así que soy una presa sencilla, más que ellos que aún son pequeños y tienen mucho que crecer.

¿Comprenden, ahora? Así de duro. Nos entrega su vida a cambio de la de sus hijos. Y no crean, son muchas las madres que, cada año, mueren así en el mundo animal.
Por eso y mil cosas más, la naturaleza nos demuestra que la fuerza de una madre no tiene límite, está por encima de cualquier otra. 
Al fin y al cabo, no olviden nunca que, gracias a ella, es por lo que, aún, no hemos desaparecido del planeta.


Raúl Mérida


Nota: En el Arca de Noé rescatamos aquellos animales salvajes que necesitan ayuda. Más información en: www.fundacionraulmerida.es  o www.animalesarcadenoe.com


Más que madres, ¡madrazas!

9/6/15

El primer orangután declarado persona

El hombre realmente libre es aquel que reconoce la libertad a todos los seres del planeta.

El asunto ha ocurrido en Buenos Aires y probablemente, es el hecho más revolucionario en la protección de los animales salvajes que haya sucedido en toda la historia de la humanidad. 
Sandra, un orangután hembra que vive en una zoo de la capital argentina, acaba de ser declarada libre. Ya no pertenece al centro en el que vive. Ahora pasará a ser ciudadana de la selva.

Pero vayamos al principio de esta singular historia. 
Todo empezó cuando una conocida asociación argentina de funcionarios y abogados por el Derecho animal, AFADA, pidió el reconocimiento de Sandra, la orangután del zoo bonaerense, como persona jurídica. 
Parece una locura, ¿verdad? Pues no lo es. El planteamiento fue el siguiente; si ella es un animal y como tal, siente, sufre y padece, merece que se le proteja, ¿no? 
Pero, claro, la cuestión era muy complicada. Primero, ¿cómo lograrlo? Y segundo, ¿qué se puede ofrecer a un animal que ha pasado los últimos veinte años de su vida encerrada en una jaula? 
La respuesta a la primera pregunta vino de la mano de un grupo de abogados especializados en la protección de animales. Éstos, hábilmente, plantearon el caso ante la Sala II de la Cámara de Casación Penal y de ahí, fueron directamente a juicio.

La respuesta a la segunda cuestión llegó desde mucho más lejos, en concreto, desde Brasil. Allí, un santuario especializado en primates, ofreció el parque natural que gestiona para que Sandra pudiera comenzar una nueva vida. 
La semana pasada conocimos la sentencia final: Sandra ya no es de nadie salvo de ella misma. Se le reconocieron legalmente derechos y se le declaró como una "persona no humana, con sentimientos y privada ilegalmente de libertad".
Ha sido la primera pero, ¿será la última? ¿Se abre un debate en el mundo zoológico al respecto? ¿Será por casualidad que el primer animal que consigue un nivel de protección tan alto sea un orangután? 

Los orangutanes son una de las especies más avanzadas que existen en el planeta Tierra. Procedentes de Sumatra y Borneo, sus miembros son conocidos entre los habitantes de aquellas tierras como los "hombres del bosque". Cuenta la leyenda que, ante el temor de que los humanos les hicieran sus esclavos,  se marcharon a vivir sobre los árboles. 
La verdad es que no me extraña. Se me ponen los pelos de punta cada vez que recuerdo cómo las mafias apresan a las orangutanes hembras y las trasladan a prostíbulos de Asia donde son encadenas y violadas a cambio de dinero. 
Sin embargo, los orangutanes son los animales más cívicos que pueblan el mundo. Llegan a extremos dramáticos por ello. Imagínense, por ejemplo, que si su territorio y alimento es destruido por un incendio, prefieren literalmente morir de hambre antes que adentrarse en el territorio de otro orangután e invadir el mismo. Esa es, sin duda, la señal más viva de su propia inteligencia, su respeto absoluto a la vida.

¿Y qué pasará a partir de ahora con Sandra? La dificultad más grande para  ella será la de adaptarse a su nueva vida. No hay que olvidar que todos los animales somos seres de costumbres y nada nos da más miedo que aquello que desconocemos. 
En cualquier caso, la importancia de la sentencia es ya, absolutamente, infinita. 
Por un lado, declara literalmente que Sandra "mantiene lazos afectivos, razona, siente, se frustra con el encierro, toma decisiones, posee autoconciencia y percepción del tiempo, llora las pérdidas, aprende, se comunica y es capaz de transmitir lo aprendido", y por otro, realiza un S.O.S. internacional ante la realidad de esos otros orangutanes que aún viven en libertad y que si nadie lo remedia y nadie lo está remediando, en diez años serán ya, simplemente, historia. 
Por eso, para que los conozcan un poco mejor, les invito a que la próxima vez que encuentren a alguno de ellos en los centros especializados donde viven, les miren a los ojos e interpreten su humana mirada. Entonces, piensen en algún mensaje que quieran enviarle y transmítanselo mentalmente.  No darán crédito a lo siguiente que ocurra. Verán una respuesta por parte de él inmediata, ¿y saben por qué? Porque, queramos o no, en el fondo, somos seres conectados por un parentesco no tan lejano que, aunque un día compartimos juntos el planeta, hoy lo hacemos separados por una reja… Pero quién sabe, quizás, a partir de esta sentencia los barrotes sean menos rígidos, más finos y, poco a poco, empiecen a desaparecer de nuevo.


Raúl Mérida


Nota: En el Arca de Noé rescatamos aquellos animales salvajes que necesitan ayuda. Más información en: www.fundacionraulmerida.es , www.animalesarcadenoe.com  o en "El Decano de los Animales".








El primer orangután declarado persona

Serpientes venenosas sin antídoto

El corazón de las serpientes es muy grande, el de las personas que trafican con ellas, no.

Uno de los métodos habituales para introducir droga en nuestro país son los terrarios con serpientes venenosas. Camuflan los fajos en el interior de los mismos e introducen a los animales con la seguridad de que, nadie en su sano juicio, meterá la mano dentro para inspeccionar. Luego, cuando el cargamento llegue a destino, sólo tendrán que disparar a los animales y el alijo será recuperado.

¿Nos hemos vuelto locos? Francamente, creo que sí. En España la única serpiente venenosa que existía hasta ahora era la víbora y, su mordedura resultaba y resulta, moderadamente grave. ¿Eso significa que no mueran personas como consecuencia de las mismas? Sí mueren pero, no más cuatro o cinco al año lo que, en realidad, pese a la dureza de la cifra, no son muchas si tenemos en cuenta que en España se producen más de dos mil mordeduras de serpiente declaradas anualmente. Por comparar un poco el dato, sólo en la India mueren quince mil personas al año  por idéntico motivo. 
Y es que, la diferencia real, está o estaba, en el tipo de serpientes que viven aquí. Sin embargo, todo cambia. Ya se encarga el ser humano de ello. 

La moda de la tenencia de animales exóticos está haciendo que mucha gente compre animales y, cuánto más peligrosos, mucho mejor. Por ejemplo, la presencia en muchos hogares de caimanes o cocodrilos, es ya una realidad. 
No olvidaré nunca cuando hace unos años recogimos un caimán en la calle. El animal andaba suelto y perdido, esquivando coches y personas, en pleno centro de la ciudad.  Lo curioso es que, se corrió la voz, y fueron muchas las personas que alertaron de que ellos habían perdido también un caimán. Fue la primera vez que me di cuenta realmente de la que se nos venía encima. Pensé: ¡Claro! Si un animal de éstos llega a un lugar de charcas, ¿qué ocurriría? ¿Podrían existir algunos, en nuestro entorno, viviendo en libertad? 
La respuesta es sí.
¿Y en el caso de las serpientes? Pues igual. En el Arca hemos recogido muchas pitones de la más diversa procedencia. Tenemos una pitón albina que unos inquilinos dejaron abandonada cuando se marcharon del piso en el que vivían de alquiler. Los siguientes habitantes del mismo se la encontraron en el interior de un terrario. 
Y, no crean, también hemos recogido otras serpientes. Todas ellas, por cierto, exóticas,  abandonadas y  constrictor. ¿Y eso qué significa? Pues que, por un lado, no son serpientes que vivan en nuestro entorno de forma natural. Por otro,  que han sido compradas –legal o ilegalmente- y luego abandonadas, y por último, que matan a sus víctimas estrangulándolas antes de comérselas.
Lo que me lleva a otra pregunta que me suelen hacer habitualmente: ¿puede una pitón comerse a una persona? Si quisiera, sí, por supuesto, y hasta a una vaca si el hambre y la necesidad le empujara a ello. Las serpientes dilatan sus mandíbulas hasta límites insospechados para poder comerse a sus víctimas. Por eso, es tan importante que las personas que tengan animales de este tipo sean muy responsables, las alimenten adecuadamente y, por supuesto, que, jamás, bajo ningún concepto, las abandonen.

Actualmente, se sabe que existen multitud de serpientes viviendo en libertad que no son autóctonas. Pero, no me refiero sólo a constrictor sino a lo que es mucho más grave, serpientes venenosas, exóticas y  súper potentes, que campan a sus anchas por la península ibérica. 
¿Me dejan que les cuente una llamada real que recibí hace poco? Sonó el teléfono del Centro de Rescate. Contesté.
 Arca de Noé ¡Dígame! 
 ¡Buenos días! Les llamamos de Aduanas de Barajas. Tenemos un problema. Hemos requisado una partida de serpientes venenosas. 
 ¿Cómo de venenosas? - pregunté. 
 ¡Mucho! Me temo que tanto, que son mortales y no existe antídoto en España para ellas - me respondió.
Recordé entonces cómo muchos narcotraficantes utilizan a estos animales para meter en sus terrarios alijos de droga en nuestro país. El método es infalible. A ver quién es capaz de meter la mano dentro con serpientes así. Sin embargo, en esta ocasión, se trataba, simple y llanamente, de tráfico ilegal de especies. ¡Imagínense! Esos animales iban al mercado negro y, lo que es peor, según confesaron los autores, ya tenían compradores en nuestro país para ellos.
¡Pobres animales! Capturados, sacados de su medio y encristalados de por vida por el capricho de unos dementes. El caso es que conseguimos entre todos salvarlas aunque no fue fácil. Para empezar, se había propuesto  ya el sacrificio de los mismos si no se conseguía en pocas horas traer un antídoto para su mordedura. ¿Y cuánto costaba traerlo? Pues nada más y nada menos que doce mil euros que, por cierto, nadie tenía. Gracias a la colaboración de distintas entidades madrileñas, el milagro fue posible. Se consiguió el dinero y los animales quedaron depositados en un centro de animales de la capital de España, donde aún están.
Esta vez hubo suerte pero, otras muchas, no lo hay ni lo habrá. Las autoridades, desde hace años, dan la espalda a una realidad que no les interesa. Supongo que hará falta que alguien muera para que comiencen a escucharse los "¡Ay, madre mía!". Mientras tanto, seguiremos teniendo que aceptar cocodrilos, caimanes, serpientes venenosas y a muchos otros, como animales de compañía, por mucho que nos duela a nosotros y, sobre todo, a ellos.


Raúl Mérida

Nota: En el Arca de Noé rescatamos aquellos animales salvajes que necesitan ayuda. Más información en: www.fundacionraulmerida.es  o www.animalesarcadenoe.com

Raúl Mérida

Serpientes venenosas sin antídoto

7/6/15

Burradas

Sólo hay un animal más inteligente que un burro y es una burra.

No se equivoque, cuando un burro no quiere andar no es por tozudez, ni porque no obedezca las órdenes que le dan. Es, simplemente, por seguridad. Necesita comprobar antes de recorrer el camino  que no hay peligro alguno en el mismo. Por eso, si el humano camina delante, el burro irá detrás. Pero, si pretende que primero vaya el animal no conseguirá moverlo del sitio y  se demostrará, una vez más,  que, con perdón de éstos, el humano, a menudo, es más burro que el propio animal.

Se llama Españita y su historia para nosotros comenzó el 11 de julio del 2010.¿Les suena la fecha? Ese día el corazón de muchos españoles se encontraba a miles de kilómetros de distancia de aquí. Nada más y nada menos que en Johannesburgo, Sudáfrica.
La selección española disputaba aquella tarde de verano la final del mundial.
Las calles estaban desiertas y la gente se arremolinaba en torno a las pantallas gigantes de las cafeterías y los bares de todo el país. 
Aunque aún no lo sabíamos,  por primera vez en su historia deportiva, España ganaría el  mundial de fútbol… Sin embargo, no todos vimos aquel partido.
18:00h. Suena el teléfono en la Central de Rescate de Animales. 
Era la Guardia Civil de Tráfico. Necesitaban ayuda.
─ Ha aparecido un burro en medio de la autovía. Es necesario retirarlo urgentemente. 
Cogimos las cosas y allí que nos fuimos aquel famoso día. Sin apenas medios ni recursos pero, eso sí, con muchas ganas de salvar al animal. 
Lo encontramos asustado. Estaba paralizado en la mediana. Conseguimos entre todos, agentes incluidos, calmarlo un poco. Ya sólo nos quedaba sacarlo de allí pero, precisamente, fue entonces cuando empezaron los verdaderos problemas. El animal se negaba a caminar. 

Supongo que ante la desesperación y la búsqueda de una solución urgente, comenzaron a invadirme los recuerdos de todos los burros que, a lo largo de estos años, hemos podido rescatar.

La primera fue una mula de nombre Lorenza. Una anciana coja y tuerta, tristemente experta en sufrir malos tratos. 
Más tarde llegó Marina, una burra blanca y sumisa, a la que encontramos abandonada frente de la estación de la Marina, de ahí su nombre… 
Y al poco tiempo Elisa, otra mula resabiada de tanto sufrir, que se encontraba en unas cuadras abandonadas, sin agua ni comida desde hacía días.
No estuvieron solas, tras ellas llegaron muchos más. En aquella época, allá por finales de los noventa, la entrada de este tipo de animales era continua en nuestros centros. La existencia de burros en barrios con problemas de integración social y marginalidad era una realidad que, a menudo, ensombrecía la dignidad de la ciudad. Eran animales usados para cargar pesos imposibles hasta el agotamiento.
El caso es que aquella tarde de julio, uno a uno, fueron viniendo a mi mente el recuerdo de todos ellos, sus rescates, sus sufrimientos…  Y entonces caí en la cuenta. Aquellos burros siempre necesitaron antes de seguirte, por encima de todo, confiar en ti.

Y de nuevo volví a la realidad, a aquella autovía y a aquel animal que necesitaba urgentemente salir de allí. Así que tocaba ganarse la confianza de aquella burrita que, más que un animal vivo, parecía un poste fijo en medio de la autovía.
Primero la acariciamos. Rozamos con nuestras manos su lomo, su hocico y, finalmente, le hicimos cosquillas en sus largas orejas… Y, la verdad, no pareció sentarle mal.
Luego le hablamos con palabras de amigo. Despacito, suaves, calmadas, susurrándole junto a su oído. Y finalmente, le pedimos, simplemente, que por favor, nos ayudara a ayudarle y nos siguiera hasta un lugar seguro. 
Y ella pareció entendernos. Levantó sus ojos. Nos miró fijamente y decidió confiar en nosotros. No hicieron falta tirones ni gritos, simplemente caminamos delante de ella y ella siguió nuestros pasos.
Y cuando por fin llegamos al arcén donde estaban los vehículos, oímos por primera vez en la radio los gritos de alegría por la victoria de España. Fue entonces cuando mirando a aquella burrita, decidimos que su nombre, a partir de ese momento, sería Españita.
Y no debió disgustarle porque, desde entonces, porta orgullosa el mismo. 
Por supuesto, su dueño nunca apareció y ella pasó a engrosar esa inmensa lista de animales abandonados que, de pronto, aparecen en cualquier rincón de cualquier ciudad… En fin.

Españita hoy vive en el Arca junto a una Guancho  y a Nevado, un pony maltratado al que unos chicos de una paliza arrancaron un ojo. Y todos parecen felices, la verdad, compartiendo lo más importante, la seguridad de que nadie, nunca jamás, volverá a levantarles una mano a no ser que sea para acariciarles.


Raúl Mérida



Nota: En el Arca de Noé rescatamos aquellos animales salvajes que necesitan ayuda. Más información en: www.fundacionraulmerida.es  o www.animalesarcadenoe.com


Burradas

3/6/15

Entrevista en Onda Cero






Entrevista en el programa 'Un café con Lola' de Onda Cero.
Hablamos del Arca de Noé, de los problemas para rescatar animales, experiencias y lucha diaria, de la carencia de empatía de la sociedad que afecta tanto los animales...


Entrevista en Onda Cero

26/4/15

Mi primera vez


El compañero inseparable del perro abandonado no es el hombre, es el hambre.

Acaban de descubrir por fin el secreto. Un científico japonés ha podido demostrar que, cuanto más se miran a los ojos un perro y su dueño, cuanta más relación existe entre ambos, más oxitocina producen sus cerebros. ¿Y qué es la oxitocina? Pues, nada más y nada menos, que la hormona de la felicidad.


Se llamaba Bruma. Era negra como el azabache. Ni muy grande ni muy pequeña. Tenía unas patas largas hasta el infinito y un rabo incansable que balanceaba sin parar. 
Su historia para mí comenzó el mismo día en el que la encontré, allá por finales de los noventa. Estaba abandonada, sucia y perdida en medio de la calle. Pregunté a los vecinos, nadie sabía nada.
La monté en mi coche. Entonces me di cuenta que una de sus patas sangraba así que, primero la llevé al veterinario y, de ahí, directos  al albergue. 
Al principio, se mostraba cohibida y desconfiada pero, entre todos, le dimos tiempo para que conociera las instalaciones, para que se acostumbrara  al ladrido constante de los otros perros y, sobretodo, a ese dolor permanente que produce sentirse abandonado. 
Y así, poco a poco, conseguimos que Bruma volviera a aferrarse a la vida. 
Primero se le curó la herida de la pata. Luego comenzó a cicatrizarle la del alma. 

Y el tiempo trascurrió y la vi pasar por varias jaulas y comprobé como, igual que todos sus compañeros, se iba sintiendo dueña y señora del pequeño territorio que conformaba  cada una de ellas… 
Pero,  si algo le pertenecía de verdad a Bruma, era la libertad. 
Esperaba ansiosa cada día a que alguien se acercara a su jaula y le abriera la puerta y la dejara salir. No había mayor felicidad para cualquiera que estuviera presente, que verla correr deprisa sin rumbo, simplemente por el placer de correr… Siempre hacía lo mismo. Primero se alejaba a toda velocidad de la jaula pero,  cuando sentía que se había marchado demasiado lejos de aquel que le había abierto la puerta, rauda y veloz, corría hacia él de nuevo para agradecérselo con lametazos, roces y movimientos de rabo.

Bruma no era un cachorro cuando la encontramos, era ya una perra adulta. 
En aquella época existían pocas personas en España dispuestas a adoptar un perro de un albergue y, menos aún, si éste era mayor. Sé que hoy puede parecer una locura pero, por aquel entonces, sin Internet, ni eventos, ni redes sociales, resultaba casi imposible dar a conocer la historia de un solo animal y pedir ayuda para él. 
Así que, un buen día, harto de ver que ella, igual que otros muchos animales del albergue, parecían invisibles en sus jaulas para nuestros visitantes, decidí comenzar a contar sus historias. 
La primera fue la de Bruma. Escribí un artículo sobre ella, le hice una foto y la envié a este mismo periódico sin saber si, realmente, la publicarían. Al fin y al cabo,  en aquella época ningún medio dedicaba espacio alguno a la adopción de animales. Sin embargo, al día siguiente la publicaron y, ese mismo día, salió adoptada.

Tras la suya, siguieron muchas más historias. No les exagero, más de mil.
Sin embargo, reconozco que la de ella me marcó para siempre. A menudo recordaba y, aún recuerdo, aquellas tardes de voluntario en el albergue corriendo a su lado. 
Nunca más supe de Bruma hasta la semana pasada. Fue entonces cuando vino a verme la familia que la adoptó hacía ya más de quince años. Traían malas noticias. Bruma había fallecido.
Supongo que es ley de vida, que los años pasan para todos pero… ¿Por qué dolerá siempre tanto?
Me senté en un banco del albergue a hablar con ellos y me enseñaron el recorte de aquel viejo periódico, ya amarillo por el tiempo, que recogía su historia… 
Estaba emocionado escuchándoles. No paraban de contarme historias de su vida junto a ella… Y, entonces, recordé la famosa hormona de la felicidad, esa que, según los estudios recientes,  nace y se multiplica a base de roces, caricias y afecto. 
Supongo que para llegar a ese descubrimiento científico habrán realizado miles de análisis y pruebas complejas pero, qué quieren que les diga, en realidad, no hacía falta tanto. Cualquiera que viva con uno de ellos lo sabe… No hay un solo día en el que la vida no nos demuestre que, la amistad entre un perro y su dueño, es felicidad en estado puro.

Nota: Los albergues de animales de toda España están llenos de Brumas, Lunas, Tobis y miles de perros abandonados más. Todos esperan desde sus jaulas poder demostrar algún día que, cuando alguien dijo que el perro es el mejor amigo del hombre, estaba pensando en cualquiera de ellos. 


Raúl Mérida

Mi primera vez

19/4/15

Animales de película

Sólo es posible tener a un animal salvaje cuando no se posee, cuando vive en libertad.

Jean-Jacques Annaud, director de películas tan emblemáticas como “El nombre de la Rosa” con Sean Connery, "7 años en el Tibet" con Brad Pitt o "El oso", acaba de estrenar "El último lobo", un nuevo film en defensa de los animales. Lo que, inevitablemente, me ha recordado a una época de mi vida en que trabajé para él. Una historia que comienza en la Ciudad de la Luz.


Todo empezó una mañana de abril cuando recibí una llamada de los famosos estudios de cine de Alicante porque tenían un problema. 
Por aquel entonces había comenzado el rodaje de “Asterix y Obelix en los juegos olímpicos”, una superproducción con nombres tan conocidos y míticos en su reparto como Gérard Depardieu o Alain Delon. 
La peli, como todas las de aventuras y acción, contaba con la intervención de numerosos animales pero, curiosamente, nunca se había rodado en aquellos estudios con éstos. El caso es que se esperaba la inminente llegada en las próximas semanas de cincuenta caballos de pura sangre procedentes de Madrid, tigres y guepardos que venían de Holanda,  además de halcones, águilas y un sinfín de animales de cetrería... ¡Una locura!
Nos pusimos inmediatamente a trabajar. Las necesidades estaban claras. Por un lado, había que conseguir instalaciones y espacios adecuados para ellos. Por otro, era necesario garantizarles  los mejores cuidados durante su estancia.
Pero, no quedaba ahí la cosa, las producciones, dada su magnitud y su especialización, habían pedido también un control de calidad que, reconozco que me encantó. Exigían que quedara garantizado el bienestar y el trato correcto y más exquisito de todos los animales que participaran en las distintas películas que iban a rodarse en dichos estudios. 
La verdad es que recuerdo que fueron semanas de actividad frenética, de unir la noche con el día, de realizar informes, proyectar espacios y levantar instalaciones… Pero lo conseguimos. Cuando, finalmente, tan sólo unos días después, llegaron los primeros caballos, por cierto, valorados por aquel entonces en un millón de euros cada uno, las cuadras estaban montadas y preparadas al milímetro para funcionar.
Creímos entonces que lo peor había pasado pero, no fue así, la tranquilidad nos duró poco… No habíamos hecho más que comenzar el rodaje "Asterix" cuando aterrizó en los estudios otra superproducción de la mano de Jean-Jacques Annaud que nos absorbió nuevamente. Se llamaba "Su Majestad Minor". 
Se trataba de una peli  en la que los verdaderos protagonistas del film eran, imagínense, unos cerdos. Pero, no crean, no unos cerdos cualquiera. Los animales procedentes de Francia eran auténticos actores de primera fila a los que, por cierto, debo reconocer que, desde el primer momento, se les trató como estrellas. Para empezar, el transporte de los mismos se realizó en un vehículo especializado. Y no, no viajaron solos.  Su veterinario personal vino desde París acompañándoles durante todo el trayecto.
Por otro lado, recibimos instrucciones directas desde la productora solicitándonos que, para la llegada de los mismos, tuviéramos preparadas unas golosinas especiales para repararles de tan pesado viaje... Y qué decir del lugar donde iban a vivir los animales. 

Todo estaba previsto. Unas semanas antes nos habían enviado planos precisos de cada una de las instalaciones necesarias para ellos… Cada cerdo, siguiendo las instrucciones personales de Jean-Jacques Annaud, dispondría de una ducha individual, de una piscina y de una casa con dormitorio y estancias… Cada día, después del rodaje, cada animal recibiría un masaje para que  no se estresaran y se sintieran lo mejor posible.
Y así se hizo. Todo se cumplió al pie de la letra… Y aún hoy recuerdo a cada uno de aquellos animales, ajenos a la admiración que despertaban, rozando sus cuerpos contra mis piernas buscando el calor humano. 
Nunca olvidaré  sus miradas entrañables y amistosas y el agradecimiento que demostraban en cada uno de sus gestos. Reconozco que llegué a estar tan unido a ellos que, incluso, recuerdo que una noche soñé que uno se escapaba mientras, realmente, lo hacía. Menos mal que todo quedó en un susto. Y es que, al fin y al cabo, puede que mucha gente no lo sepa pero, los cerdos son de los animales más inteligentes y sensibles que pueblan el planeta.
El caso es que, finalmente, la peli terminó y una mañana de diciembre aquellos animales y el equipo que los cuidaba se marcharon de nuevo camino para Francia entre abrazos y lágrimas de despedida… En fin, todo termina. 
Pero, el otro día, leyendo una entrevista a Jean-Jacques Annaud en la que contaba cómo se había sentido al conseguir en su última película captar las emociones de los lobos, recordé una charla sin fin que mantuvimos los dos tras una larga jornada de rodaje. Sentados en la loma de una montaña de Villajoyosa frente al mar, bromeábamos  sobre el alimento que dábamos a los animales de la peli y que él decía que era caviar para ellos cuando, de pronto, se puso serio y mirándome a los ojos me dijo: 
─ ¿Sabes? Llevo toda la vida rodando con animales. Mucha gente cree que es por la pasión que siento por el cine o por ellos la que me empuja a hacerlo, pero hay algo más. Existe una parte de los animales que espero algún día poder captar... se trata de sus emociones.

Querido Jean-Jacques Annaud, me alegro que por fin sientas que lo has logrado aunque para mí, como te dije entonces, no hay un solo plano en cualquiera de tus películas, sea la que sea, en que no hayas conseguido hacerlo ya.

Raúl Mérida



Nota: En el Arca de Noé rescatamos aquellos animales salvajes que necesitan ayuda. Más información en: www.fundacionraulmerida.es  o www.animalesarcadenoe.com



Animales de película

12/4/15

El fusilamiento

No hay peor desgracia para un animal salvaje que ser guapo.

En todas las guerras del mundo existen pelotones de fusilamiento. Se trata de siete tiradores a los que se les distribuyen al azar las escopetas cargadas. Todas llevan munición real salvo una que porta una bala de fogueo. Nadie sabe quién disparará ésta pero, si les preguntaras al terminar la ejecución, todos pensarían que ellos han sido los que dispararon la única bala inofensiva. Todos creerían que son inocentes. 

Hace unos años a  algunos eruditos se les ocurrió la feliz idea de ponerse a importar animales como si se trataran de sillas a juego con la tapicería del sofá. Especies hasta ese momento desconocidas para todos, fueron llegando a nuestras vidas como si siempre hubieran formado parte de ellas.
Evidentemente, los animales elegidos no lo fueron por su carácter ni por sus condiciones de vida parecidas a las nuestras, eso hubiera sido pedir mucho. Lo fueron, simple y llanamente, por su aspecto. Se buscaron animales guapos de rasgos agradables y simpáticos. 

Y, así, bajo esos criterios "tan técnicos", empezaron a llegar a las tiendas las primeras inocentes tortuguitas de colores bonitos y muy llamativos que, por cierto, no tardaron mucho en crecer. Entonces, como siempre suele ocurrir,  a algún iluminado, más bien a muchos, se les debió ocurrir la "genial" idea de que, total, si eran de agua lo mejor era devolverlas al agua y ,así, sin más consideración ni pensamiento, comenzaron a dejarlas en ríos, estanques y lagunas.  Hoy en día, los famosos Galápagos de Florida se han convertido en uno de los principales quebraderos de cabeza para nuestras autoridades medio ambientales. Su presencia, actualmente, es tan abundante y numerosa que ya han hecho desaparecer a otras especies.
Pero, ya ven, no acabó ahí el asunto… Tras las tortugas de Florida y, el fiasco causado con las mismas, los escaparates de algunas de las tiendas de animales se llenaron entonces de mapaches y coatíes. Días más tarde, ya estaban conviviendo en los primero hogares.

Y el caso es que, durante los primeros años, todo fue bien. Nada hacía presagiar el fatal desenlace  de lo que parecía una relación idílica entre el  hombre y ese bonito animal de compañía salvo, eso sí, por un pequeño detalle y es que, al fin y al cabo, no eran animales de compañía.
Los mapaches fueron creciendo y, poco a poco,  los primeros  dueños de los mismos empezaron a descubrir que, no era al año, ni a los dos, cuando se convertían en adultos sino que, en realidad, era a partir de los tres cuando llegaban a su desarrollo completo y comenzaba su lucha titánica por sobrevivir en un mundo que, por cierto, ni entendían  ni comprendían. 
Y, así, no tardaron en llegar las primeras mordeduras y agresiones y, con ellas, el abandono… Pero, no crean, el mercado no se desanimó por ello, todo lo contrario, tras los mapaches y coatíes llegaron las serpientes, canguros, iguanas y miles de animales más… La mayoría, desgraciadamente, acabaron igual; solos, perdidos, escondidos durante el día, desplazándose por las noches, corriendo entre los coches, reptando por las calles, cruzando carreteras….
Muchos murieron en el intento de buscar, simplemente, cobijo, algo que comer y agua para beber.
Otros, buscando la naturaleza más cercana a las ciudades se salvaron y, así, ante el asombro de todos, un día empezaron a aparecer  en parques públicos o plazas, literalmente subidos a árboles o escondidos bajo las plantas, aterrados de puro miedo…  

Todos fueron y son recogidos y acogidos en centros especializados como el nuestro. 

Pero, también hubo, entre tantos, otros muchos que llegaron a ríos y montañas donde se hicieron un hueco para vivir a costa, eso sí, de la desaparición en su lucha por la supervivencia de muchas otras especies. 
Fíjense, hace poco las autoridades medioambientales dieron de nuevo los datos. Más de cincuenta especies exóticas distintas viven ya en nuestros parques naturales y, de ellas, veinte han sido declaradas invasoras. Eso significa, directamente, que, otras tantas autóctonas, han desaparecido ya por ello.
Por eso, nuestro entorno  está cambiando a toda velocidad. Animales ayer numerosos, son hoy declarados en peligro de extinción con fecha fija de desaparición… Pero, todo parece dar igual, el comercio de animales salvajes continúa sin fin, sin que nadie asuma la responsabilidad de lo que está pasando. Y es que, al fin y al cabo, si preguntáramos a todos los implicados, ninguno se sentiría culpable por ello. 
Las  tiendas que los venden dirían que la culpa es del cliente que los demanda. 
El cliente que los demanda aseguraría que la responsabilidad es de las autoridades que lo permiten. 
Las autoridades que lo permiten, nos dirían que la culpa es de la oferta y la demanda, es decir,  de la tienda que los vende y del cliente que los compra. 
Y, así, todos, una y otra vez, se declararían inocentes porque, en realidad, todos ellos creen siempre que disparan la única bala de fogueo que existe entre todas las que se lanzan en nuestro país contra la vida… Pero que no se engañen, hace tiempo que, entre unos y otros,  el planeta está siendo, literalmente, fusilado.


Raúl Mérida



Nota: En el Arca de Noé rescatamos aquellos animales salvajes que necesitan ayuda. Más información en: www.fundacionraulmerida.es  o www.animalesarcadenoe.com

El fusilamiento