Historias increíbles

Tigres y leones en pisos, pumas en chalets, linces, monos, serpientes...

Historias que ellos no pueden contar

Debemos hacer eco de sus historias; rescates, maltratos...

Historias que podrían haber sido la última

Cachorros, ancianos, con pedigree, inválidos... Da igual su raza y "valor".

Historias de rechazo

Muchos son abandonados cuando dejan de ser "útiles".

Historias de supervivencia

Historias que narran la lucha por sobrevivir al abandono.

9/6/15

El primer orangután declarado persona

El hombre realmente libre es aquel que reconoce la libertad a todos los seres del planeta.

El asunto ha ocurrido en Buenos Aires y probablemente, es el hecho más revolucionario en la protección de los animales salvajes que haya sucedido en toda la historia de la humanidad. 
Sandra, un orangután hembra que vive en una zoo de la capital argentina, acaba de ser declarada libre. Ya no pertenece al centro en el que vive. Ahora pasará a ser ciudadana de la selva.

Pero vayamos al principio de esta singular historia. 
Todo empezó cuando una conocida asociación argentina de funcionarios y abogados por el Derecho animal, AFADA, pidió el reconocimiento de Sandra, la orangután del zoo bonaerense, como persona jurídica. 
Parece una locura, ¿verdad? Pues no lo es. El planteamiento fue el siguiente; si ella es un animal y como tal, siente, sufre y padece, merece que se le proteja, ¿no? 
Pero, claro, la cuestión era muy complicada. Primero, ¿cómo lograrlo? Y segundo, ¿qué se puede ofrecer a un animal que ha pasado los últimos veinte años de su vida encerrada en una jaula? 
La respuesta a la primera pregunta vino de la mano de un grupo de abogados especializados en la protección de animales. Éstos, hábilmente, plantearon el caso ante la Sala II de la Cámara de Casación Penal y de ahí, fueron directamente a juicio.

La respuesta a la segunda cuestión llegó desde mucho más lejos, en concreto, desde Brasil. Allí, un santuario especializado en primates, ofreció el parque natural que gestiona para que Sandra pudiera comenzar una nueva vida. 
La semana pasada conocimos la sentencia final: Sandra ya no es de nadie salvo de ella misma. Se le reconocieron legalmente derechos y se le declaró como una "persona no humana, con sentimientos y privada ilegalmente de libertad".
Ha sido la primera pero, ¿será la última? ¿Se abre un debate en el mundo zoológico al respecto? ¿Será por casualidad que el primer animal que consigue un nivel de protección tan alto sea un orangután? 

Los orangutanes son una de las especies más avanzadas que existen en el planeta Tierra. Procedentes de Sumatra y Borneo, sus miembros son conocidos entre los habitantes de aquellas tierras como los "hombres del bosque". Cuenta la leyenda que, ante el temor de que los humanos les hicieran sus esclavos,  se marcharon a vivir sobre los árboles. 
La verdad es que no me extraña. Se me ponen los pelos de punta cada vez que recuerdo cómo las mafias apresan a las orangutanes hembras y las trasladan a prostíbulos de Asia donde son encadenas y violadas a cambio de dinero. 
Sin embargo, los orangutanes son los animales más cívicos que pueblan el mundo. Llegan a extremos dramáticos por ello. Imagínense, por ejemplo, que si su territorio y alimento es destruido por un incendio, prefieren literalmente morir de hambre antes que adentrarse en el territorio de otro orangután e invadir el mismo. Esa es, sin duda, la señal más viva de su propia inteligencia, su respeto absoluto a la vida.

¿Y qué pasará a partir de ahora con Sandra? La dificultad más grande para  ella será la de adaptarse a su nueva vida. No hay que olvidar que todos los animales somos seres de costumbres y nada nos da más miedo que aquello que desconocemos. 
En cualquier caso, la importancia de la sentencia es ya, absolutamente, infinita. 
Por un lado, declara literalmente que Sandra "mantiene lazos afectivos, razona, siente, se frustra con el encierro, toma decisiones, posee autoconciencia y percepción del tiempo, llora las pérdidas, aprende, se comunica y es capaz de transmitir lo aprendido", y por otro, realiza un S.O.S. internacional ante la realidad de esos otros orangutanes que aún viven en libertad y que si nadie lo remedia y nadie lo está remediando, en diez años serán ya, simplemente, historia. 
Por eso, para que los conozcan un poco mejor, les invito a que la próxima vez que encuentren a alguno de ellos en los centros especializados donde viven, les miren a los ojos e interpreten su humana mirada. Entonces, piensen en algún mensaje que quieran enviarle y transmítanselo mentalmente.  No darán crédito a lo siguiente que ocurra. Verán una respuesta por parte de él inmediata, ¿y saben por qué? Porque, queramos o no, en el fondo, somos seres conectados por un parentesco no tan lejano que, aunque un día compartimos juntos el planeta, hoy lo hacemos separados por una reja… Pero quién sabe, quizás, a partir de esta sentencia los barrotes sean menos rígidos, más finos y, poco a poco, empiecen a desaparecer de nuevo.


Raúl Mérida


Nota: En el Arca de Noé rescatamos aquellos animales salvajes que necesitan ayuda. Más información en: www.fundacionraulmerida.es , www.animalesarcadenoe.com  o en "El Decano de los Animales".








El primer orangután declarado persona

Serpientes venenosas sin antídoto

El corazón de las serpientes es muy grande, el de las personas que trafican con ellas, no.

Uno de los métodos habituales para introducir droga en nuestro país son los terrarios con serpientes venenosas. Camuflan los fajos en el interior de los mismos e introducen a los animales con la seguridad de que, nadie en su sano juicio, meterá la mano dentro para inspeccionar. Luego, cuando el cargamento llegue a destino, sólo tendrán que disparar a los animales y el alijo será recuperado.

¿Nos hemos vuelto locos? Francamente, creo que sí. En España la única serpiente venenosa que existía hasta ahora era la víbora y, su mordedura resultaba y resulta, moderadamente grave. ¿Eso significa que no mueran personas como consecuencia de las mismas? Sí mueren pero, no más cuatro o cinco al año lo que, en realidad, pese a la dureza de la cifra, no son muchas si tenemos en cuenta que en España se producen más de dos mil mordeduras de serpiente declaradas anualmente. Por comparar un poco el dato, sólo en la India mueren quince mil personas al año  por idéntico motivo. 
Y es que, la diferencia real, está o estaba, en el tipo de serpientes que viven aquí. Sin embargo, todo cambia. Ya se encarga el ser humano de ello. 

La moda de la tenencia de animales exóticos está haciendo que mucha gente compre animales y, cuánto más peligrosos, mucho mejor. Por ejemplo, la presencia en muchos hogares de caimanes o cocodrilos, es ya una realidad. 
No olvidaré nunca cuando hace unos años recogimos un caimán en la calle. El animal andaba suelto y perdido, esquivando coches y personas, en pleno centro de la ciudad.  Lo curioso es que, se corrió la voz, y fueron muchas las personas que alertaron de que ellos habían perdido también un caimán. Fue la primera vez que me di cuenta realmente de la que se nos venía encima. Pensé: ¡Claro! Si un animal de éstos llega a un lugar de charcas, ¿qué ocurriría? ¿Podrían existir algunos, en nuestro entorno, viviendo en libertad? 
La respuesta es sí.
¿Y en el caso de las serpientes? Pues igual. En el Arca hemos recogido muchas pitones de la más diversa procedencia. Tenemos una pitón albina que unos inquilinos dejaron abandonada cuando se marcharon del piso en el que vivían de alquiler. Los siguientes habitantes del mismo se la encontraron en el interior de un terrario. 
Y, no crean, también hemos recogido otras serpientes. Todas ellas, por cierto, exóticas,  abandonadas y  constrictor. ¿Y eso qué significa? Pues que, por un lado, no son serpientes que vivan en nuestro entorno de forma natural. Por otro,  que han sido compradas –legal o ilegalmente- y luego abandonadas, y por último, que matan a sus víctimas estrangulándolas antes de comérselas.
Lo que me lleva a otra pregunta que me suelen hacer habitualmente: ¿puede una pitón comerse a una persona? Si quisiera, sí, por supuesto, y hasta a una vaca si el hambre y la necesidad le empujara a ello. Las serpientes dilatan sus mandíbulas hasta límites insospechados para poder comerse a sus víctimas. Por eso, es tan importante que las personas que tengan animales de este tipo sean muy responsables, las alimenten adecuadamente y, por supuesto, que, jamás, bajo ningún concepto, las abandonen.

Actualmente, se sabe que existen multitud de serpientes viviendo en libertad que no son autóctonas. Pero, no me refiero sólo a constrictor sino a lo que es mucho más grave, serpientes venenosas, exóticas y  súper potentes, que campan a sus anchas por la península ibérica. 
¿Me dejan que les cuente una llamada real que recibí hace poco? Sonó el teléfono del Centro de Rescate. Contesté.
 Arca de Noé ¡Dígame! 
 ¡Buenos días! Les llamamos de Aduanas de Barajas. Tenemos un problema. Hemos requisado una partida de serpientes venenosas. 
 ¿Cómo de venenosas? - pregunté. 
 ¡Mucho! Me temo que tanto, que son mortales y no existe antídoto en España para ellas - me respondió.
Recordé entonces cómo muchos narcotraficantes utilizan a estos animales para meter en sus terrarios alijos de droga en nuestro país. El método es infalible. A ver quién es capaz de meter la mano dentro con serpientes así. Sin embargo, en esta ocasión, se trataba, simple y llanamente, de tráfico ilegal de especies. ¡Imagínense! Esos animales iban al mercado negro y, lo que es peor, según confesaron los autores, ya tenían compradores en nuestro país para ellos.
¡Pobres animales! Capturados, sacados de su medio y encristalados de por vida por el capricho de unos dementes. El caso es que conseguimos entre todos salvarlas aunque no fue fácil. Para empezar, se había propuesto  ya el sacrificio de los mismos si no se conseguía en pocas horas traer un antídoto para su mordedura. ¿Y cuánto costaba traerlo? Pues nada más y nada menos que doce mil euros que, por cierto, nadie tenía. Gracias a la colaboración de distintas entidades madrileñas, el milagro fue posible. Se consiguió el dinero y los animales quedaron depositados en un centro de animales de la capital de España, donde aún están.
Esta vez hubo suerte pero, otras muchas, no lo hay ni lo habrá. Las autoridades, desde hace años, dan la espalda a una realidad que no les interesa. Supongo que hará falta que alguien muera para que comiencen a escucharse los "¡Ay, madre mía!". Mientras tanto, seguiremos teniendo que aceptar cocodrilos, caimanes, serpientes venenosas y a muchos otros, como animales de compañía, por mucho que nos duela a nosotros y, sobre todo, a ellos.


Raúl Mérida

Nota: En el Arca de Noé rescatamos aquellos animales salvajes que necesitan ayuda. Más información en: www.fundacionraulmerida.es  o www.animalesarcadenoe.com

Raúl Mérida

Serpientes venenosas sin antídoto

7/6/15

Burradas

Sólo hay un animal más inteligente que un burro y es una burra.

No se equivoque, cuando un burro no quiere andar no es por tozudez, ni porque no obedezca las órdenes que le dan. Es, simplemente, por seguridad. Necesita comprobar antes de recorrer el camino  que no hay peligro alguno en el mismo. Por eso, si el humano camina delante, el burro irá detrás. Pero, si pretende que primero vaya el animal no conseguirá moverlo del sitio y  se demostrará, una vez más,  que, con perdón de éstos, el humano, a menudo, es más burro que el propio animal.

Se llama Españita y su historia para nosotros comenzó el 11 de julio del 2010.¿Les suena la fecha? Ese día el corazón de muchos españoles se encontraba a miles de kilómetros de distancia de aquí. Nada más y nada menos que en Johannesburgo, Sudáfrica.
La selección española disputaba aquella tarde de verano la final del mundial.
Las calles estaban desiertas y la gente se arremolinaba en torno a las pantallas gigantes de las cafeterías y los bares de todo el país. 
Aunque aún no lo sabíamos,  por primera vez en su historia deportiva, España ganaría el  mundial de fútbol… Sin embargo, no todos vimos aquel partido.
18:00h. Suena el teléfono en la Central de Rescate de Animales. 
Era la Guardia Civil de Tráfico. Necesitaban ayuda.
─ Ha aparecido un burro en medio de la autovía. Es necesario retirarlo urgentemente. 
Cogimos las cosas y allí que nos fuimos aquel famoso día. Sin apenas medios ni recursos pero, eso sí, con muchas ganas de salvar al animal. 
Lo encontramos asustado. Estaba paralizado en la mediana. Conseguimos entre todos, agentes incluidos, calmarlo un poco. Ya sólo nos quedaba sacarlo de allí pero, precisamente, fue entonces cuando empezaron los verdaderos problemas. El animal se negaba a caminar. 

Supongo que ante la desesperación y la búsqueda de una solución urgente, comenzaron a invadirme los recuerdos de todos los burros que, a lo largo de estos años, hemos podido rescatar.

La primera fue una mula de nombre Lorenza. Una anciana coja y tuerta, tristemente experta en sufrir malos tratos. 
Más tarde llegó Marina, una burra blanca y sumisa, a la que encontramos abandonada frente de la estación de la Marina, de ahí su nombre… 
Y al poco tiempo Elisa, otra mula resabiada de tanto sufrir, que se encontraba en unas cuadras abandonadas, sin agua ni comida desde hacía días.
No estuvieron solas, tras ellas llegaron muchos más. En aquella época, allá por finales de los noventa, la entrada de este tipo de animales era continua en nuestros centros. La existencia de burros en barrios con problemas de integración social y marginalidad era una realidad que, a menudo, ensombrecía la dignidad de la ciudad. Eran animales usados para cargar pesos imposibles hasta el agotamiento.
El caso es que aquella tarde de julio, uno a uno, fueron viniendo a mi mente el recuerdo de todos ellos, sus rescates, sus sufrimientos…  Y entonces caí en la cuenta. Aquellos burros siempre necesitaron antes de seguirte, por encima de todo, confiar en ti.

Y de nuevo volví a la realidad, a aquella autovía y a aquel animal que necesitaba urgentemente salir de allí. Así que tocaba ganarse la confianza de aquella burrita que, más que un animal vivo, parecía un poste fijo en medio de la autovía.
Primero la acariciamos. Rozamos con nuestras manos su lomo, su hocico y, finalmente, le hicimos cosquillas en sus largas orejas… Y, la verdad, no pareció sentarle mal.
Luego le hablamos con palabras de amigo. Despacito, suaves, calmadas, susurrándole junto a su oído. Y finalmente, le pedimos, simplemente, que por favor, nos ayudara a ayudarle y nos siguiera hasta un lugar seguro. 
Y ella pareció entendernos. Levantó sus ojos. Nos miró fijamente y decidió confiar en nosotros. No hicieron falta tirones ni gritos, simplemente caminamos delante de ella y ella siguió nuestros pasos.
Y cuando por fin llegamos al arcén donde estaban los vehículos, oímos por primera vez en la radio los gritos de alegría por la victoria de España. Fue entonces cuando mirando a aquella burrita, decidimos que su nombre, a partir de ese momento, sería Españita.
Y no debió disgustarle porque, desde entonces, porta orgullosa el mismo. 
Por supuesto, su dueño nunca apareció y ella pasó a engrosar esa inmensa lista de animales abandonados que, de pronto, aparecen en cualquier rincón de cualquier ciudad… En fin.

Españita hoy vive en el Arca junto a una Guancho  y a Nevado, un pony maltratado al que unos chicos de una paliza arrancaron un ojo. Y todos parecen felices, la verdad, compartiendo lo más importante, la seguridad de que nadie, nunca jamás, volverá a levantarles una mano a no ser que sea para acariciarles.


Raúl Mérida



Nota: En el Arca de Noé rescatamos aquellos animales salvajes que necesitan ayuda. Más información en: www.fundacionraulmerida.es  o www.animalesarcadenoe.com


Burradas

3/6/15

Entrevista en Onda Cero






Entrevista en el programa 'Un café con Lola' de Onda Cero.
Hablamos del Arca de Noé, de los problemas para rescatar animales, experiencias y lucha diaria, de la carencia de empatía de la sociedad que afecta tanto los animales...


Entrevista en Onda Cero

26/4/15

Mi primera vez


El compañero inseparable del perro abandonado no es el hombre, es el hambre.

Acaban de descubrir por fin el secreto. Un científico japonés ha podido demostrar que, cuanto más se miran a los ojos un perro y su dueño, cuanta más relación existe entre ambos, más oxitocina producen sus cerebros. ¿Y qué es la oxitocina? Pues, nada más y nada menos, que la hormona de la felicidad.


Se llamaba Bruma. Era negra como el azabache. Ni muy grande ni muy pequeña. Tenía unas patas largas hasta el infinito y un rabo incansable que balanceaba sin parar. 
Su historia para mí comenzó el mismo día en el que la encontré, allá por finales de los noventa. Estaba abandonada, sucia y perdida en medio de la calle. Pregunté a los vecinos, nadie sabía nada.
La monté en mi coche. Entonces me di cuenta que una de sus patas sangraba así que, primero la llevé al veterinario y, de ahí, directos  al albergue. 
Al principio, se mostraba cohibida y desconfiada pero, entre todos, le dimos tiempo para que conociera las instalaciones, para que se acostumbrara  al ladrido constante de los otros perros y, sobretodo, a ese dolor permanente que produce sentirse abandonado. 
Y así, poco a poco, conseguimos que Bruma volviera a aferrarse a la vida. 
Primero se le curó la herida de la pata. Luego comenzó a cicatrizarle la del alma. 

Y el tiempo trascurrió y la vi pasar por varias jaulas y comprobé como, igual que todos sus compañeros, se iba sintiendo dueña y señora del pequeño territorio que conformaba  cada una de ellas… 
Pero,  si algo le pertenecía de verdad a Bruma, era la libertad. 
Esperaba ansiosa cada día a que alguien se acercara a su jaula y le abriera la puerta y la dejara salir. No había mayor felicidad para cualquiera que estuviera presente, que verla correr deprisa sin rumbo, simplemente por el placer de correr… Siempre hacía lo mismo. Primero se alejaba a toda velocidad de la jaula pero,  cuando sentía que se había marchado demasiado lejos de aquel que le había abierto la puerta, rauda y veloz, corría hacia él de nuevo para agradecérselo con lametazos, roces y movimientos de rabo.

Bruma no era un cachorro cuando la encontramos, era ya una perra adulta. 
En aquella época existían pocas personas en España dispuestas a adoptar un perro de un albergue y, menos aún, si éste era mayor. Sé que hoy puede parecer una locura pero, por aquel entonces, sin Internet, ni eventos, ni redes sociales, resultaba casi imposible dar a conocer la historia de un solo animal y pedir ayuda para él. 
Así que, un buen día, harto de ver que ella, igual que otros muchos animales del albergue, parecían invisibles en sus jaulas para nuestros visitantes, decidí comenzar a contar sus historias. 
La primera fue la de Bruma. Escribí un artículo sobre ella, le hice una foto y la envié a este mismo periódico sin saber si, realmente, la publicarían. Al fin y al cabo,  en aquella época ningún medio dedicaba espacio alguno a la adopción de animales. Sin embargo, al día siguiente la publicaron y, ese mismo día, salió adoptada.

Tras la suya, siguieron muchas más historias. No les exagero, más de mil.
Sin embargo, reconozco que la de ella me marcó para siempre. A menudo recordaba y, aún recuerdo, aquellas tardes de voluntario en el albergue corriendo a su lado. 
Nunca más supe de Bruma hasta la semana pasada. Fue entonces cuando vino a verme la familia que la adoptó hacía ya más de quince años. Traían malas noticias. Bruma había fallecido.
Supongo que es ley de vida, que los años pasan para todos pero… ¿Por qué dolerá siempre tanto?
Me senté en un banco del albergue a hablar con ellos y me enseñaron el recorte de aquel viejo periódico, ya amarillo por el tiempo, que recogía su historia… 
Estaba emocionado escuchándoles. No paraban de contarme historias de su vida junto a ella… Y, entonces, recordé la famosa hormona de la felicidad, esa que, según los estudios recientes,  nace y se multiplica a base de roces, caricias y afecto. 
Supongo que para llegar a ese descubrimiento científico habrán realizado miles de análisis y pruebas complejas pero, qué quieren que les diga, en realidad, no hacía falta tanto. Cualquiera que viva con uno de ellos lo sabe… No hay un solo día en el que la vida no nos demuestre que, la amistad entre un perro y su dueño, es felicidad en estado puro.

Nota: Los albergues de animales de toda España están llenos de Brumas, Lunas, Tobis y miles de perros abandonados más. Todos esperan desde sus jaulas poder demostrar algún día que, cuando alguien dijo que el perro es el mejor amigo del hombre, estaba pensando en cualquiera de ellos. 


Raúl Mérida

Mi primera vez

19/4/15

Animales de película

Sólo es posible tener a un animal salvaje cuando no se posee, cuando vive en libertad.

Jean-Jacques Annaud, director de películas tan emblemáticas como “El nombre de la Rosa” con Sean Connery, "7 años en el Tibet" con Brad Pitt o "El oso", acaba de estrenar "El último lobo", un nuevo film en defensa de los animales. Lo que, inevitablemente, me ha recordado a una época de mi vida en que trabajé para él. Una historia que comienza en la Ciudad de la Luz.


Todo empezó una mañana de abril cuando recibí una llamada de los famosos estudios de cine de Alicante porque tenían un problema. 
Por aquel entonces había comenzado el rodaje de “Asterix y Obelix en los juegos olímpicos”, una superproducción con nombres tan conocidos y míticos en su reparto como Gérard Depardieu o Alain Delon. 
La peli, como todas las de aventuras y acción, contaba con la intervención de numerosos animales pero, curiosamente, nunca se había rodado en aquellos estudios con éstos. El caso es que se esperaba la inminente llegada en las próximas semanas de cincuenta caballos de pura sangre procedentes de Madrid, tigres y guepardos que venían de Holanda,  además de halcones, águilas y un sinfín de animales de cetrería... ¡Una locura!
Nos pusimos inmediatamente a trabajar. Las necesidades estaban claras. Por un lado, había que conseguir instalaciones y espacios adecuados para ellos. Por otro, era necesario garantizarles  los mejores cuidados durante su estancia.
Pero, no quedaba ahí la cosa, las producciones, dada su magnitud y su especialización, habían pedido también un control de calidad que, reconozco que me encantó. Exigían que quedara garantizado el bienestar y el trato correcto y más exquisito de todos los animales que participaran en las distintas películas que iban a rodarse en dichos estudios. 
La verdad es que recuerdo que fueron semanas de actividad frenética, de unir la noche con el día, de realizar informes, proyectar espacios y levantar instalaciones… Pero lo conseguimos. Cuando, finalmente, tan sólo unos días después, llegaron los primeros caballos, por cierto, valorados por aquel entonces en un millón de euros cada uno, las cuadras estaban montadas y preparadas al milímetro para funcionar.
Creímos entonces que lo peor había pasado pero, no fue así, la tranquilidad nos duró poco… No habíamos hecho más que comenzar el rodaje "Asterix" cuando aterrizó en los estudios otra superproducción de la mano de Jean-Jacques Annaud que nos absorbió nuevamente. Se llamaba "Su Majestad Minor". 
Se trataba de una peli  en la que los verdaderos protagonistas del film eran, imagínense, unos cerdos. Pero, no crean, no unos cerdos cualquiera. Los animales procedentes de Francia eran auténticos actores de primera fila a los que, por cierto, debo reconocer que, desde el primer momento, se les trató como estrellas. Para empezar, el transporte de los mismos se realizó en un vehículo especializado. Y no, no viajaron solos.  Su veterinario personal vino desde París acompañándoles durante todo el trayecto.
Por otro lado, recibimos instrucciones directas desde la productora solicitándonos que, para la llegada de los mismos, tuviéramos preparadas unas golosinas especiales para repararles de tan pesado viaje... Y qué decir del lugar donde iban a vivir los animales. 

Todo estaba previsto. Unas semanas antes nos habían enviado planos precisos de cada una de las instalaciones necesarias para ellos… Cada cerdo, siguiendo las instrucciones personales de Jean-Jacques Annaud, dispondría de una ducha individual, de una piscina y de una casa con dormitorio y estancias… Cada día, después del rodaje, cada animal recibiría un masaje para que  no se estresaran y se sintieran lo mejor posible.
Y así se hizo. Todo se cumplió al pie de la letra… Y aún hoy recuerdo a cada uno de aquellos animales, ajenos a la admiración que despertaban, rozando sus cuerpos contra mis piernas buscando el calor humano. 
Nunca olvidaré  sus miradas entrañables y amistosas y el agradecimiento que demostraban en cada uno de sus gestos. Reconozco que llegué a estar tan unido a ellos que, incluso, recuerdo que una noche soñé que uno se escapaba mientras, realmente, lo hacía. Menos mal que todo quedó en un susto. Y es que, al fin y al cabo, puede que mucha gente no lo sepa pero, los cerdos son de los animales más inteligentes y sensibles que pueblan el planeta.
El caso es que, finalmente, la peli terminó y una mañana de diciembre aquellos animales y el equipo que los cuidaba se marcharon de nuevo camino para Francia entre abrazos y lágrimas de despedida… En fin, todo termina. 
Pero, el otro día, leyendo una entrevista a Jean-Jacques Annaud en la que contaba cómo se había sentido al conseguir en su última película captar las emociones de los lobos, recordé una charla sin fin que mantuvimos los dos tras una larga jornada de rodaje. Sentados en la loma de una montaña de Villajoyosa frente al mar, bromeábamos  sobre el alimento que dábamos a los animales de la peli y que él decía que era caviar para ellos cuando, de pronto, se puso serio y mirándome a los ojos me dijo: 
─ ¿Sabes? Llevo toda la vida rodando con animales. Mucha gente cree que es por la pasión que siento por el cine o por ellos la que me empuja a hacerlo, pero hay algo más. Existe una parte de los animales que espero algún día poder captar... se trata de sus emociones.

Querido Jean-Jacques Annaud, me alegro que por fin sientas que lo has logrado aunque para mí, como te dije entonces, no hay un solo plano en cualquiera de tus películas, sea la que sea, en que no hayas conseguido hacerlo ya.

Raúl Mérida



Nota: En el Arca de Noé rescatamos aquellos animales salvajes que necesitan ayuda. Más información en: www.fundacionraulmerida.es  o www.animalesarcadenoe.com



Animales de película

12/4/15

El fusilamiento

No hay peor desgracia para un animal salvaje que ser guapo.

En todas las guerras del mundo existen pelotones de fusilamiento. Se trata de siete tiradores a los que se les distribuyen al azar las escopetas cargadas. Todas llevan munición real salvo una que porta una bala de fogueo. Nadie sabe quién disparará ésta pero, si les preguntaras al terminar la ejecución, todos pensarían que ellos han sido los que dispararon la única bala inofensiva. Todos creerían que son inocentes. 

Hace unos años a  algunos eruditos se les ocurrió la feliz idea de ponerse a importar animales como si se trataran de sillas a juego con la tapicería del sofá. Especies hasta ese momento desconocidas para todos, fueron llegando a nuestras vidas como si siempre hubieran formado parte de ellas.
Evidentemente, los animales elegidos no lo fueron por su carácter ni por sus condiciones de vida parecidas a las nuestras, eso hubiera sido pedir mucho. Lo fueron, simple y llanamente, por su aspecto. Se buscaron animales guapos de rasgos agradables y simpáticos. 

Y, así, bajo esos criterios "tan técnicos", empezaron a llegar a las tiendas las primeras inocentes tortuguitas de colores bonitos y muy llamativos que, por cierto, no tardaron mucho en crecer. Entonces, como siempre suele ocurrir,  a algún iluminado, más bien a muchos, se les debió ocurrir la "genial" idea de que, total, si eran de agua lo mejor era devolverlas al agua y ,así, sin más consideración ni pensamiento, comenzaron a dejarlas en ríos, estanques y lagunas.  Hoy en día, los famosos Galápagos de Florida se han convertido en uno de los principales quebraderos de cabeza para nuestras autoridades medio ambientales. Su presencia, actualmente, es tan abundante y numerosa que ya han hecho desaparecer a otras especies.
Pero, ya ven, no acabó ahí el asunto… Tras las tortugas de Florida y, el fiasco causado con las mismas, los escaparates de algunas de las tiendas de animales se llenaron entonces de mapaches y coatíes. Días más tarde, ya estaban conviviendo en los primero hogares.

Y el caso es que, durante los primeros años, todo fue bien. Nada hacía presagiar el fatal desenlace  de lo que parecía una relación idílica entre el  hombre y ese bonito animal de compañía salvo, eso sí, por un pequeño detalle y es que, al fin y al cabo, no eran animales de compañía.
Los mapaches fueron creciendo y, poco a poco,  los primeros  dueños de los mismos empezaron a descubrir que, no era al año, ni a los dos, cuando se convertían en adultos sino que, en realidad, era a partir de los tres cuando llegaban a su desarrollo completo y comenzaba su lucha titánica por sobrevivir en un mundo que, por cierto, ni entendían  ni comprendían. 
Y, así, no tardaron en llegar las primeras mordeduras y agresiones y, con ellas, el abandono… Pero, no crean, el mercado no se desanimó por ello, todo lo contrario, tras los mapaches y coatíes llegaron las serpientes, canguros, iguanas y miles de animales más… La mayoría, desgraciadamente, acabaron igual; solos, perdidos, escondidos durante el día, desplazándose por las noches, corriendo entre los coches, reptando por las calles, cruzando carreteras….
Muchos murieron en el intento de buscar, simplemente, cobijo, algo que comer y agua para beber.
Otros, buscando la naturaleza más cercana a las ciudades se salvaron y, así, ante el asombro de todos, un día empezaron a aparecer  en parques públicos o plazas, literalmente subidos a árboles o escondidos bajo las plantas, aterrados de puro miedo…  

Todos fueron y son recogidos y acogidos en centros especializados como el nuestro. 

Pero, también hubo, entre tantos, otros muchos que llegaron a ríos y montañas donde se hicieron un hueco para vivir a costa, eso sí, de la desaparición en su lucha por la supervivencia de muchas otras especies. 
Fíjense, hace poco las autoridades medioambientales dieron de nuevo los datos. Más de cincuenta especies exóticas distintas viven ya en nuestros parques naturales y, de ellas, veinte han sido declaradas invasoras. Eso significa, directamente, que, otras tantas autóctonas, han desaparecido ya por ello.
Por eso, nuestro entorno  está cambiando a toda velocidad. Animales ayer numerosos, son hoy declarados en peligro de extinción con fecha fija de desaparición… Pero, todo parece dar igual, el comercio de animales salvajes continúa sin fin, sin que nadie asuma la responsabilidad de lo que está pasando. Y es que, al fin y al cabo, si preguntáramos a todos los implicados, ninguno se sentiría culpable por ello. 
Las  tiendas que los venden dirían que la culpa es del cliente que los demanda. 
El cliente que los demanda aseguraría que la responsabilidad es de las autoridades que lo permiten. 
Las autoridades que lo permiten, nos dirían que la culpa es de la oferta y la demanda, es decir,  de la tienda que los vende y del cliente que los compra. 
Y, así, todos, una y otra vez, se declararían inocentes porque, en realidad, todos ellos creen siempre que disparan la única bala de fogueo que existe entre todas las que se lanzan en nuestro país contra la vida… Pero que no se engañen, hace tiempo que, entre unos y otros,  el planeta está siendo, literalmente, fusilado.


Raúl Mérida



Nota: En el Arca de Noé rescatamos aquellos animales salvajes que necesitan ayuda. Más información en: www.fundacionraulmerida.es  o www.animalesarcadenoe.com

El fusilamiento

5/4/15

Sabor humano

Un animal sólo ataca a alguien si teme que éste pueda atacarlo a él.

A los tiburones, por ejemplo, no les gusta la sangre humana. Cuando atacan a una persona, una vez que le han mordido, se alejan de ella y dejan que su cuerpo se debilite y se desangre antes de volver a devorarlo. El motivo es que el sabor les resulta sumamente desagradable. 

Hubo una época en la que, desgraciadamente, fue habitual para mí pisar numerosos platós de televisión en Madrid y Barcelona. Y digo, desgraciadamente, porque el motivo de mi presencia no era muy agradable que digamos.
Por aquel entonces, había irrumpido con fuerza la presencia de razas que, aunque eran muy desconocidas hasta ese momento, sin embargo, se situaron rápidamente en el tótem de las más vendidas. Me refiero a Pitbull, Rottweiler, American Stanford, etc, etc. 
Los pobres tuvieron tan mala suerte que, en muchos casos, cayeron fatalmente en manos de personas que no sólo carecían de capacidad para tener animales de este tipo, sino que por no tener, no tenían responsabilidad ni para tener a un grillo como animal de compañía.
Sólo tuvieron que pasar unos meses para que comenzaran los problemas. Al principio fue sólo alguna mordedura aislada pero, más tarde, se repitieron con tanta frecuencia los ataques que acabaron rompiendo en mil pedazos aquel viejo axioma de las facultades de periodismo que afirmaban que, no era noticia que un perro mordiera a alguien, sino que alguien mordiera a un perro.
Los medios de comunicación se hicieron eco, uno tras otro, de todos los ataques de perros de presa que se producían y comenzaron a llamarme para poner el contrapunto e intentar explicar lo obvio y es que, algunos de los perros denominados potencialmente peligrosos, no lo eran por raza, estirpe o nacimiento, sino que dicho comportamiento venía, en muchos casos, marcado por sus dueños o por las condiciones en las que se había educado o, mejor dicho, maleducado a éste.

Recuerdo el escándalo general que se produjo en el programa de Ana Rosa Quintana cuando manifesté que, para algunos, tener un perro de presa no era sino una prolongación de su pene. Todos se llevaron las manos a la cabeza. Aún no sé por qué. En realidad, lo que intentaba explicar era tan simple como que había y, me temo que aún hay, personas que buscan en estos animales no un animal de compañía, sino simplemente una imagen, un estereotipo de lo que querrían ser y no son… Ni más ni menos.
Muchas veces me preguntaron en aquellos espacios televisivos, qué tipo de dueño era para mí el ideal para cada uno de esos perros. Siempre decía lo mismo; aquella persona que lo tiene porque se lo ha encontrado, se lo han regalado o le ha dado pena y lo ha adoptado en algún albergue o refugio. Los que sólo buscan un animal potencialmente peligroso porque les gusta, no deberían tenerlo jamás.

A lo largo de mi vida he podido conocer, tratar e incluso pasear  a perros que han matado a personas. No digo mordido ni atacado, por graves que fueran las heridas, digo matado. Siempre me ha impresionado ver sus miradas tristes, vacías y su infinita soledad. Todos esos animales de compañía, tras el ataque, pasaban a  ser seres solitarios sin sombra ni compañía.
También he conocido y cuido a diario a otros animales salvajes que han probado la sangre humana. A aquellos leones, por ejemplo, que atacaron a unos turistas que se saltaron todas las barreras de seguridad y se  acercaron a ellos como si fueran gatos… o aquel otro león que, cuando se acercó una mujer a tocarle a través de la valla en el parque en el que vivía, le arrancó de un solo mordisco el brazo.
Todos ellos viven ahora con nosotros en el Arca y, la verdad, viéndolos de cerca hasta podrían parecen inofensivos pero, si algo han demostrado, es que no lo son.

Recuerdo la primera vez que entré por el pasillo que conforma la doble valla de seguridad que rodea su recinto. Me paré en la puerta de una de las jaulas. Uno de los leones ronroneó contra los barrotes de la misma como si fuera un gato. Me acerqué a él. Sólo nos separaba una simple valla. 
Pude sentir, a través de la misma, cómo su melena se peinaba entre mis dedos. Él estaba tranquilo y yo también… Pero, de pronto, sin más, me miró fijamente, encogió los ojos extrañado por mi atrevimiento o mi presencia tan cercana y, en un momento, sin más,  tensó la calma. Su boca se abrió y rugió con toda su fuerza. Sentí perfectamente la bocanada de calor de su boca. Me envolví en su olor y quedé paralizado por el sonido tan profundo y, a la vez, tan intenso de su garganta.
Entonces recordé de golpe que, aquel animal que se mostraba ahora amenazador ante mí, el mismo que había estado acariciando tan sólo unos instantes antes,  había matado ya en el pasado a varias personas que, seguramente igual que yo, se olvidaron un mal día de que él era, por encima de todo, un león.
Quizás por eso ahora muchos centros ya no lo quieren, seguramente por aquella vieja leyenda de que aquel animal que ha probado la sangre humana volverá a intentarlo de nuevo. Ya ven, el ser humano siempre pensando que sabe a miel cuando  quizás, como  que en el caso de los tiburones, nuestro sabor para ellos es a hiel.

Al fin y al cabo,  para animales que han sido, en muchos casos, sacados de su medio, maltratados, mutilados y hasta finalmente abandonados, ¿a qué podemos saber nosotros? Como mucho, mucho…  a traición y explotación.


Raúl Mérida



Nota: En el Arca de Noé rescatamos aquellos animales salvajes que necesitan ayuda. Más información en: www.fundacionraulmerida.es  o www.animalesarcadenoe.com


Sabor humano

29/3/15

El animal perfecto

Para un animal salvaje el paraíso se llama libertad. 

Cuenta una vieja leyenda asiática que, hace millones de años, el cielo y la tierra se casaron y, desde entonces hasta ahora,  jamás se han separado. El fruto de su amor son los animales que pueblan el mundo. 

Tenía 91 años de edad cuando le visitó la muerte hace sólo unos días. Se llamaba Lee Kuan Yew y fue durante más de treinta años presidente del gobierno de Singapur y creador del mismo en su estado moderno. 
Cargado de luces y sombras, consiguió que dicho país pasara de ser de los más pobres del continente al más rico y avanzado, cosa, realmente, increíble. Pero, lo más curioso fueron las medidas sociales que aplicó... Por ejemplo, harto de la suciedad de las calles y de los chicles pegados en las aceras, prohibió mascar chicle e incluso la venta de los mismos. Por supuesto, también castigó con pena de cárcel cualquier conducta o actitud incívica, tales como  colarse en una cola, no ceder el paso cuando es obligatorio, insultar a alguien, etc, etc.
Por otro lado, consiguió que Singapur,  el país más violento del mundo, pasara a ser el más seguro, ¿y cómo lo hizo?  Pues tampoco se calentó mucho la cabeza. Aplicó la pena capital a todo aquel al que se le fuera la mano. Y no acabó ahí, también consiguió reducir a cero los robos y la corrupción hasta entonces generalizada. El método tampoco fue muy elaborado.  Todo político que se demostrara que había sido corrupto, acababa ahorcado. Así se las gastaba el hombre.
Claro que también puso en marcha otras medidas que lo dimensionan de forma distinta…
Por ejemplo, prohibió los guetos. Impidió que personas de un mismo grupo, etnia o religión no se mezclaran con los de otras y fue uno de los pioneros en lo que, posteriormente, se llamó interculturalidad

Pero, ¿y en el caso de los animales? 
Lee Kuan había estudiado en Londres pero era una persona en la que pesaba, por encima de todo, la cultura asiática… Así, sentía una enorme atracción hacia el mundo los animales y se definía como un firme defensor de los recursos naturales y la conservación del planeta. 
Quizás por eso creo el primer zoo abierto del mundo. Impidió por ley que existieran vallas o rejas en el mismo y dispuso que todas las separaciones entre los espacios que ocuparan los animales fueran naturales, creando así una auténtica reserva natural de animales.
También puso en marcha medidas importantes contra el tráfico ilegal de especies y consiguió que, al menos, en su pequeño país, no se fomentara el mismo. Y eso que, en su caso, era bien difícil porque Singapur posee uno de los animales más codiciados del mundo; el famoso tigre blanco… Solía decir de él que era, sin lugar a dudas, una de las creaciones más perfectas de la naturaleza.
Lo que, por cierto, me recuerda otra historia de mi vida… 

Arca de Noé. Abril del año 2008. 
Varios tigres blancos, procedentes la mayoría de circos y decomisos de la policía, aguardaban su traslado a otros parques de toda Europa. Habíamos conseguido, con el permiso de las autoridades, reubicar los mismos y todo estaba preparado para su traslado (el camión que los transportaría, el personal necesario para su carga, los veterinarios especializados en su cuidado…). Sólo quedaba esperar que los animales se introdujeran en el trasportín especial de hierro que habíamos preparado para ellos.
Y así, aquella mañana, uno tras otro fueron entrando en los mismos hasta que, finalmente, sólo nos quedaba el último de ellos.
Era un tigre blanco precioso, de infinita musculatura y cuerpo erguido y fuerte.
Enganchamos el trasportín al cemento con alambres para que no pudiera escaparse y enfrentamos la puerta del mismo a la de la jaula. Sólo quedaba levantar ambos cierres y, como en los casos anteriores, el animal pasaría de un recinto al otro… Pero algo falló.
El animal se asustó… Poderoso como era, saltó, corrió y se lanzó con tanta fuerza  que, de un solo golpe, rompió todos los agarres y echó por tierra todas las medidas de seguridad que habíamos preparado… 
Y así, aquel día, durante unos segundos eternos, el último tigre blanco que íbamos a trasladar, quedó libre frente a nosotros.  

Me dio la sensación de que el tiempo se detuvo. Pude apreciar cada centímetro de su piel, su cuerpo,  la belleza de su pelo, su mirada profunda, sus ojos…
Por primera vez en mi vida, no me separaba nada de él, apenas unos metros, ni valla, ni alambrado, ni muro alguno. Aún hoy me pregunto por qué no nos atacó. Si hubiera querido nos hubiera matado allí mismo pero, afortunadamente, no quiso. Supongo que el animal se quedó tan asustado como nosotros y, mientras salíamos del recinto a toda velocidad, él se metió en su dormitorio de nuevo en dirección opuesta. 
Cada uno decidió volver a ocupar el puesto que la vida nos había reservado. Él dentro de una jaula y nosotros fuera.
Más tarde pudimos conseguir finalmente meterlo en el transporte sin más sobresaltos y trasladarlo a su nuevo destino. Hoy vive en un centro europeo especializado en la protección de su especie.
En cualquier caso, nunca olvidaré que,  aquel día, pensé lo mismo que el presidente de Singapur hoy ya fallecido y es que, un tigre blanco visto de cerca es, simplemente, perfecto. 


Raúl Mérida


Nota: En el Arca de Noé rescatamos aquellos animales salvajes que necesitan ayuda. Más información en: www.fundacionraulmerida.es  o www.animalesarcadenoe.com



El animal perfecto

22/3/15

Un gran tipo

Sólo mueren aquellos a los que nuestro corazón olvida.
 
Nació en Madrid, un 24 de marzo de 1983. Joven, delgado, alto, moreno y cámara de profesión y vocación. Santiago Trancho, Santi para todos los que lo conocimos, sentía pasión por la vida. Tenía la extraña virtud de convertir el futuro en presente cuando te hablaba de alguno de sus próximos proyectos. Fue un lujo conocerle y ser su amigo. Murió unos días antes de cumplir los 32.
 
Madrid. Sábado 7 de marzo del año 2015 - 13:00. 
Santi sale con su moto destino a la capital de España. Conduce tranquilo. Es un trayecto que conoce bien.
Piensa en Ana Fernández, su novia, una conocida actriz a la que entregó su corazón desde que la conoció. Enamorado, como sólo se enamoran aquellos que tienen un corazón tan grande como él, solía decir que le gustaba verse reflejado en los ojos de su chica.
Ella, malagueña, se refería a él como el gran amor de su vida. Desde que se conocieron, jamás se separaron. Era una de esas parejas perfectas que, a veces, parece que la vida no perdona cuando se producen.  Una vez me dijo Santi que se sentía tan feliz que le daba miedo.

Aquella mañana, como otras muchas veces, su corazón y su mente caminaban juntas. Su novia, su trabajo, su vocación y, mil cosas más, volaban por su cabeza; su moto iba poco a poco, recorriendo kilómetros por la carretera M-505. El km 13, después el 14, una recta, luego  una curva y delante, un camión.  
Y, por fin, el kilómetro 15. 
Mira el reloj, son las 13:20 h. Piensa: Voy a adelantarle y sigo avanzando. 
Un frenazo brusco. Un golpe seco. Todo terminó.

Santi Trancho, cámara de televisión, famoso por sus programas junto a Nacho y Frank de la Jungla, murió en ese instante.  Su muerte me recordó a la de Félix Rodríguez de la Fuente que falleció el mismo mes y casi el mismo día, también en accidente, aunque muchos años antes.

Santi nació televisivamente, en cuanto a su fama, en la serie de Frank de la Jungla y, cómo todas las cosas importantes, fue casi por casualidad. La idea de realizar una serie de este tipo nació a raíz de un programa de Callejeros Viajeros en el que aparecía Frank Cuesta y su escuela de tenis. La persona y el personaje, tan unidos en este caso, tenían tal fuerza que cuando las imágenes llegaron a Madrid, inmediatamente, nació la idea. Sin embargo, había que montar un equipo para dar forma a ese proyecto. La productora Molinos de Papel empezó a dibujar lo que sería, no sólo un premio Ondas, sino además, un tremendo éxito televisivo, probablemente, sin precedentes.
Encargó a Nacho Medina, un gran reportero de máxima confianza, que fuera él el responsable de lo que en Tailandia ocurriera. Nacho eligió como cámara a Santi sabiendo que era un valor seguro. Y los dos se marcharon una madrugada de hace algunos años en un avión camino de la mayor aventura que habrían vivido jamás. 
Ninguno conocía entonces a Frank ni  tenían la menor idea de lo que allí iban a suceder.
Cuando se encontraron los tres juntos, Nacho, Frank y Santi, nació una nueva forma de acercar el mundo de los animales a las personas. Un estilo directo, integrando por primera vez a cámara y reportero en la grabación de cada uno de los espacios.
En realidad, Nacho fue quien tuvo la idea.  Llegó allí cargado de sus cosas, su genialidad, sus manías y esa forma de ser súper escrupulosa que siempre le acompaña. Sólo les daré un detalle para que se den cuenta de su acusada personalidad. Nunca olvidaré una comida en Valencia. Éramos sólo cinco personas en total. No sé que me resultó más divertido, si ver a Nacho que,  cada vez que le servían un refresco en uno de los principales hoteles de Valencia, miraba concienzudamente la fecha de caducidad de la misma antes de beberla o escuchar pedir a  Frank  vasos de agua caliente para beber durante el trascurso de la misma. Nada quita más la sed, decía.
A Santi lo conocí por primera vez hace algo más de cinco años. Nos encontramos en nuestro santuario de animales Arca de Noé. Llegó entonces acompañado de Frank y de Sonia López, otra grandísima reportera que, además, para mí es, por encima de todo, una importante amiga.
Aquella tarde compartí con Santi su forma de ver la vida, su pasión por el trabajo.

Comprendí, entonces, lo que el futuro acabó confirmándome cada vez que los veía juntos, y era  la relación tan especial que tenía con Frank.
Decía Carolina Cubillo, la directora de la productora y alma mater de Frank de la Jungla, que sólo hay tres personas a las que Frank hacía caso, Nacho, Santi y yo… Para mí es un honor estar entre ellas aunque no creo que sea verdad. Frank es incontrolable  porque él no es un animal televisivo, es simplemente, un animal que, eso sí, como todos los animales, tiene un enorme corazón.
En cualquier caso, ver a Santi hablando con Frank, discutir, reír, pelearse o hacer las paces, era una experiencia que aquel que la ha presenciado, nunca olvidará, porque Santi era, por encima de todo, vida en estado puro.

En fin que, cómo me dijo Sonia hace unos días, Santi era un gran tipo… Sí, sin duda, lo era.  Quizás por eso, no puedo dejar de preguntarme una y otra vez: ¿por qué siempre se irán los mejores?.
Descanse en paz, Santi Trancho.
 
Raúl Mérida
 


Nota: En nuestro Santuario para Animales Salvajes recogemos a aquellos animales salvajes que lo necesitan, la mayoría han sido víctimas del tráfico ilegal de especies, el abandono o el maltrato.  Más información en: www.fundacionraulmerida.es  o www.animalesarcadenoe.com
Un gran tipo