Historias increíbles

Tigres y leones en pisos, pumas en chalets, linces, monos, serpientes...

Historias que ellos no pueden contar

Debemos hacer eco de sus historias; rescates, maltratos...

Historias que podrían haber sido la última

Cachorros, ancianos, con pedigree, inválidos... Da igual su raza y "valor".

Historias de rechazo

Muchos son abandonados cuando dejan de ser "útiles".

Historias de supervivencia

Historias que narran la lucha por sobrevivir al abandono.

19/4/15

Animales de película

Sólo es posible tener a un animal salvaje cuando no se posee, cuando vive en libertad.

Jean-Jacques Annaud, director de películas tan emblemáticas como “El nombre de la Rosa” con Sean Connery, "7 años en el Tibet" con Brad Pitt o "El oso", acaba de estrenar "El último lobo", un nuevo film en defensa de los animales. Lo que, inevitablemente, me ha recordado a una época de mi vida en que trabajé para él. Una historia que comienza en la Ciudad de la Luz.


Todo empezó una mañana de abril cuando recibí una llamada de los famosos estudios de cine de Alicante porque tenían un problema. 
Por aquel entonces había comenzado el rodaje de “Asterix y Obelix en los juegos olímpicos”, una superproducción con nombres tan conocidos y míticos en su reparto como Gérard Depardieu o Alain Delon. 
La peli, como todas las de aventuras y acción, contaba con la intervención de numerosos animales pero, curiosamente, nunca se había rodado en aquellos estudios con éstos. El caso es que se esperaba la inminente llegada en las próximas semanas de cincuenta caballos de pura sangre procedentes de Madrid, tigres y guepardos que venían de Holanda,  además de halcones, águilas y un sinfín de animales de cetrería... ¡Una locura!
Nos pusimos inmediatamente a trabajar. Las necesidades estaban claras. Por un lado, había que conseguir instalaciones y espacios adecuados para ellos. Por otro, era necesario garantizarles  los mejores cuidados durante su estancia.
Pero, no quedaba ahí la cosa, las producciones, dada su magnitud y su especialización, habían pedido también un control de calidad que, reconozco que me encantó. Exigían que quedara garantizado el bienestar y el trato correcto y más exquisito de todos los animales que participaran en las distintas películas que iban a rodarse en dichos estudios. 
La verdad es que recuerdo que fueron semanas de actividad frenética, de unir la noche con el día, de realizar informes, proyectar espacios y levantar instalaciones… Pero lo conseguimos. Cuando, finalmente, tan sólo unos días después, llegaron los primeros caballos, por cierto, valorados por aquel entonces en un millón de euros cada uno, las cuadras estaban montadas y preparadas al milímetro para funcionar.
Creímos entonces que lo peor había pasado pero, no fue así, la tranquilidad nos duró poco… No habíamos hecho más que comenzar el rodaje "Asterix" cuando aterrizó en los estudios otra superproducción de la mano de Jean-Jacques Annaud que nos absorbió nuevamente. Se llamaba "Su Majestad Minor". 
Se trataba de una peli  en la que los verdaderos protagonistas del film eran, imagínense, unos cerdos. Pero, no crean, no unos cerdos cualquiera. Los animales procedentes de Francia eran auténticos actores de primera fila a los que, por cierto, debo reconocer que, desde el primer momento, se les trató como estrellas. Para empezar, el transporte de los mismos se realizó en un vehículo especializado. Y no, no viajaron solos.  Su veterinario personal vino desde París acompañándoles durante todo el trayecto.
Por otro lado, recibimos instrucciones directas desde la productora solicitándonos que, para la llegada de los mismos, tuviéramos preparadas unas golosinas especiales para repararles de tan pesado viaje... Y qué decir del lugar donde iban a vivir los animales. 

Todo estaba previsto. Unas semanas antes nos habían enviado planos precisos de cada una de las instalaciones necesarias para ellos… Cada cerdo, siguiendo las instrucciones personales de Jean-Jacques Annaud, dispondría de una ducha individual, de una piscina y de una casa con dormitorio y estancias… Cada día, después del rodaje, cada animal recibiría un masaje para que  no se estresaran y se sintieran lo mejor posible.
Y así se hizo. Todo se cumplió al pie de la letra… Y aún hoy recuerdo a cada uno de aquellos animales, ajenos a la admiración que despertaban, rozando sus cuerpos contra mis piernas buscando el calor humano. 
Nunca olvidaré  sus miradas entrañables y amistosas y el agradecimiento que demostraban en cada uno de sus gestos. Reconozco que llegué a estar tan unido a ellos que, incluso, recuerdo que una noche soñé que uno se escapaba mientras, realmente, lo hacía. Menos mal que todo quedó en un susto. Y es que, al fin y al cabo, puede que mucha gente no lo sepa pero, los cerdos son de los animales más inteligentes y sensibles que pueblan el planeta.
El caso es que, finalmente, la peli terminó y una mañana de diciembre aquellos animales y el equipo que los cuidaba se marcharon de nuevo camino para Francia entre abrazos y lágrimas de despedida… En fin, todo termina. 
Pero, el otro día, leyendo una entrevista a Jean-Jacques Annaud en la que contaba cómo se había sentido al conseguir en su última película captar las emociones de los lobos, recordé una charla sin fin que mantuvimos los dos tras una larga jornada de rodaje. Sentados en la loma de una montaña de Villajoyosa frente al mar, bromeábamos  sobre el alimento que dábamos a los animales de la peli y que él decía que era caviar para ellos cuando, de pronto, se puso serio y mirándome a los ojos me dijo: 
─ ¿Sabes? Llevo toda la vida rodando con animales. Mucha gente cree que es por la pasión que siento por el cine o por ellos la que me empuja a hacerlo, pero hay algo más. Existe una parte de los animales que espero algún día poder captar... se trata de sus emociones.

Querido Jean-Jacques Annaud, me alegro que por fin sientas que lo has logrado aunque para mí, como te dije entonces, no hay un solo plano en cualquiera de tus películas, sea la que sea, en que no hayas conseguido hacerlo ya.

Raúl Mérida



Nota: En el Arca de Noé rescatamos aquellos animales salvajes que necesitan ayuda. Más información en: www.fundacionraulmerida.es  o www.animalesarcadenoe.com



Animales de película

12/4/15

El fusilamiento

No hay peor desgracia para un animal salvaje que ser guapo.

En todas las guerras del mundo existen pelotones de fusilamiento. Se trata de siete tiradores a los que se les distribuyen al azar las escopetas cargadas. Todas llevan munición real salvo una que porta una bala de fogueo. Nadie sabe quién disparará ésta pero, si les preguntaras al terminar la ejecución, todos pensarían que ellos han sido los que dispararon la única bala inofensiva. Todos creerían que son inocentes. 

Hace unos años a  algunos eruditos se les ocurrió la feliz idea de ponerse a importar animales como si se trataran de sillas a juego con la tapicería del sofá. Especies hasta ese momento desconocidas para todos, fueron llegando a nuestras vidas como si siempre hubieran formado parte de ellas.
Evidentemente, los animales elegidos no lo fueron por su carácter ni por sus condiciones de vida parecidas a las nuestras, eso hubiera sido pedir mucho. Lo fueron, simple y llanamente, por su aspecto. Se buscaron animales guapos de rasgos agradables y simpáticos. 

Y, así, bajo esos criterios "tan técnicos", empezaron a llegar a las tiendas las primeras inocentes tortuguitas de colores bonitos y muy llamativos que, por cierto, no tardaron mucho en crecer. Entonces, como siempre suele ocurrir,  a algún iluminado, más bien a muchos, se les debió ocurrir la "genial" idea de que, total, si eran de agua lo mejor era devolverlas al agua y ,así, sin más consideración ni pensamiento, comenzaron a dejarlas en ríos, estanques y lagunas.  Hoy en día, los famosos Galápagos de Florida se han convertido en uno de los principales quebraderos de cabeza para nuestras autoridades medio ambientales. Su presencia, actualmente, es tan abundante y numerosa que ya han hecho desaparecer a otras especies.
Pero, ya ven, no acabó ahí el asunto… Tras las tortugas de Florida y, el fiasco causado con las mismas, los escaparates de algunas de las tiendas de animales se llenaron entonces de mapaches y coatíes. Días más tarde, ya estaban conviviendo en los primero hogares.

Y el caso es que, durante los primeros años, todo fue bien. Nada hacía presagiar el fatal desenlace  de lo que parecía una relación idílica entre el  hombre y ese bonito animal de compañía salvo, eso sí, por un pequeño detalle y es que, al fin y al cabo, no eran animales de compañía.
Los mapaches fueron creciendo y, poco a poco,  los primeros  dueños de los mismos empezaron a descubrir que, no era al año, ni a los dos, cuando se convertían en adultos sino que, en realidad, era a partir de los tres cuando llegaban a su desarrollo completo y comenzaba su lucha titánica por sobrevivir en un mundo que, por cierto, ni entendían  ni comprendían. 
Y, así, no tardaron en llegar las primeras mordeduras y agresiones y, con ellas, el abandono… Pero, no crean, el mercado no se desanimó por ello, todo lo contrario, tras los mapaches y coatíes llegaron las serpientes, canguros, iguanas y miles de animales más… La mayoría, desgraciadamente, acabaron igual; solos, perdidos, escondidos durante el día, desplazándose por las noches, corriendo entre los coches, reptando por las calles, cruzando carreteras….
Muchos murieron en el intento de buscar, simplemente, cobijo, algo que comer y agua para beber.
Otros, buscando la naturaleza más cercana a las ciudades se salvaron y, así, ante el asombro de todos, un día empezaron a aparecer  en parques públicos o plazas, literalmente subidos a árboles o escondidos bajo las plantas, aterrados de puro miedo…  

Todos fueron y son recogidos y acogidos en centros especializados como el nuestro. 

Pero, también hubo, entre tantos, otros muchos que llegaron a ríos y montañas donde se hicieron un hueco para vivir a costa, eso sí, de la desaparición en su lucha por la supervivencia de muchas otras especies. 
Fíjense, hace poco las autoridades medioambientales dieron de nuevo los datos. Más de cincuenta especies exóticas distintas viven ya en nuestros parques naturales y, de ellas, veinte han sido declaradas invasoras. Eso significa, directamente, que, otras tantas autóctonas, han desaparecido ya por ello.
Por eso, nuestro entorno  está cambiando a toda velocidad. Animales ayer numerosos, son hoy declarados en peligro de extinción con fecha fija de desaparición… Pero, todo parece dar igual, el comercio de animales salvajes continúa sin fin, sin que nadie asuma la responsabilidad de lo que está pasando. Y es que, al fin y al cabo, si preguntáramos a todos los implicados, ninguno se sentiría culpable por ello. 
Las  tiendas que los venden dirían que la culpa es del cliente que los demanda. 
El cliente que los demanda aseguraría que la responsabilidad es de las autoridades que lo permiten. 
Las autoridades que lo permiten, nos dirían que la culpa es de la oferta y la demanda, es decir,  de la tienda que los vende y del cliente que los compra. 
Y, así, todos, una y otra vez, se declararían inocentes porque, en realidad, todos ellos creen siempre que disparan la única bala de fogueo que existe entre todas las que se lanzan en nuestro país contra la vida… Pero que no se engañen, hace tiempo que, entre unos y otros,  el planeta está siendo, literalmente, fusilado.


Raúl Mérida



Nota: En el Arca de Noé rescatamos aquellos animales salvajes que necesitan ayuda. Más información en: www.fundacionraulmerida.es  o www.animalesarcadenoe.com

El fusilamiento

5/4/15

Sabor humano

Un animal sólo ataca a alguien si teme que éste pueda atacarlo a él.

A los tiburones, por ejemplo, no les gusta la sangre humana. Cuando atacan a una persona, una vez que le han mordido, se alejan de ella y dejan que su cuerpo se debilite y se desangre antes de volver a devorarlo. El motivo es que el sabor les resulta sumamente desagradable. 

Hubo una época en la que, desgraciadamente, fue habitual para mí pisar numerosos platós de televisión en Madrid y Barcelona. Y digo, desgraciadamente, porque el motivo de mi presencia no era muy agradable que digamos.
Por aquel entonces, había irrumpido con fuerza la presencia de razas que, aunque eran muy desconocidas hasta ese momento, sin embargo, se situaron rápidamente en el tótem de las más vendidas. Me refiero a Pitbull, Rottweiler, American Stanford, etc, etc. 
Los pobres tuvieron tan mala suerte que, en muchos casos, cayeron fatalmente en manos de personas que no sólo carecían de capacidad para tener animales de este tipo, sino que por no tener, no tenían responsabilidad ni para tener a un grillo como animal de compañía.
Sólo tuvieron que pasar unos meses para que comenzaran los problemas. Al principio fue sólo alguna mordedura aislada pero, más tarde, se repitieron con tanta frecuencia los ataques que acabaron rompiendo en mil pedazos aquel viejo axioma de las facultades de periodismo que afirmaban que, no era noticia que un perro mordiera a alguien, sino que alguien mordiera a un perro.
Los medios de comunicación se hicieron eco, uno tras otro, de todos los ataques de perros de presa que se producían y comenzaron a llamarme para poner el contrapunto e intentar explicar lo obvio y es que, algunos de los perros denominados potencialmente peligrosos, no lo eran por raza, estirpe o nacimiento, sino que dicho comportamiento venía, en muchos casos, marcado por sus dueños o por las condiciones en las que se había educado o, mejor dicho, maleducado a éste.

Recuerdo el escándalo general que se produjo en el programa de Ana Rosa Quintana cuando manifesté que, para algunos, tener un perro de presa no era sino una prolongación de su pene. Todos se llevaron las manos a la cabeza. Aún no sé por qué. En realidad, lo que intentaba explicar era tan simple como que había y, me temo que aún hay, personas que buscan en estos animales no un animal de compañía, sino simplemente una imagen, un estereotipo de lo que querrían ser y no son… Ni más ni menos.
Muchas veces me preguntaron en aquellos espacios televisivos, qué tipo de dueño era para mí el ideal para cada uno de esos perros. Siempre decía lo mismo; aquella persona que lo tiene porque se lo ha encontrado, se lo han regalado o le ha dado pena y lo ha adoptado en algún albergue o refugio. Los que sólo buscan un animal potencialmente peligroso porque les gusta, no deberían tenerlo jamás.

A lo largo de mi vida he podido conocer, tratar e incluso pasear  a perros que han matado a personas. No digo mordido ni atacado, por graves que fueran las heridas, digo matado. Siempre me ha impresionado ver sus miradas tristes, vacías y su infinita soledad. Todos esos animales de compañía, tras el ataque, pasaban a  ser seres solitarios sin sombra ni compañía.
También he conocido y cuido a diario a otros animales salvajes que han probado la sangre humana. A aquellos leones, por ejemplo, que atacaron a unos turistas que se saltaron todas las barreras de seguridad y se  acercaron a ellos como si fueran gatos… o aquel otro león que, cuando se acercó una mujer a tocarle a través de la valla en el parque en el que vivía, le arrancó de un solo mordisco el brazo.
Todos ellos viven ahora con nosotros en el Arca y, la verdad, viéndolos de cerca hasta podrían parecen inofensivos pero, si algo han demostrado, es que no lo son.

Recuerdo la primera vez que entré por el pasillo que conforma la doble valla de seguridad que rodea su recinto. Me paré en la puerta de una de las jaulas. Uno de los leones ronroneó contra los barrotes de la misma como si fuera un gato. Me acerqué a él. Sólo nos separaba una simple valla. 
Pude sentir, a través de la misma, cómo su melena se peinaba entre mis dedos. Él estaba tranquilo y yo también… Pero, de pronto, sin más, me miró fijamente, encogió los ojos extrañado por mi atrevimiento o mi presencia tan cercana y, en un momento, sin más,  tensó la calma. Su boca se abrió y rugió con toda su fuerza. Sentí perfectamente la bocanada de calor de su boca. Me envolví en su olor y quedé paralizado por el sonido tan profundo y, a la vez, tan intenso de su garganta.
Entonces recordé de golpe que, aquel animal que se mostraba ahora amenazador ante mí, el mismo que había estado acariciando tan sólo unos instantes antes,  había matado ya en el pasado a varias personas que, seguramente igual que yo, se olvidaron un mal día de que él era, por encima de todo, un león.
Quizás por eso ahora muchos centros ya no lo quieren, seguramente por aquella vieja leyenda de que aquel animal que ha probado la sangre humana volverá a intentarlo de nuevo. Ya ven, el ser humano siempre pensando que sabe a miel cuando  quizás, como  que en el caso de los tiburones, nuestro sabor para ellos es a hiel.

Al fin y al cabo,  para animales que han sido, en muchos casos, sacados de su medio, maltratados, mutilados y hasta finalmente abandonados, ¿a qué podemos saber nosotros? Como mucho, mucho…  a traición y explotación.


Raúl Mérida



Nota: En el Arca de Noé rescatamos aquellos animales salvajes que necesitan ayuda. Más información en: www.fundacionraulmerida.es  o www.animalesarcadenoe.com


Sabor humano

29/3/15

El animal perfecto

Para un animal salvaje el paraíso se llama libertad. 

Cuenta una vieja leyenda asiática que, hace millones de años, el cielo y la tierra se casaron y, desde entonces hasta ahora,  jamás se han separado. El fruto de su amor son los animales que pueblan el mundo. 

Tenía 91 años de edad cuando le visitó la muerte hace sólo unos días. Se llamaba Lee Kuan Yew y fue durante más de treinta años presidente del gobierno de Singapur y creador del mismo en su estado moderno. 
Cargado de luces y sombras, consiguió que dicho país pasara de ser de los más pobres del continente al más rico y avanzado, cosa, realmente, increíble. Pero, lo más curioso fueron las medidas sociales que aplicó... Por ejemplo, harto de la suciedad de las calles y de los chicles pegados en las aceras, prohibió mascar chicle e incluso la venta de los mismos. Por supuesto, también castigó con pena de cárcel cualquier conducta o actitud incívica, tales como  colarse en una cola, no ceder el paso cuando es obligatorio, insultar a alguien, etc, etc.
Por otro lado, consiguió que Singapur,  el país más violento del mundo, pasara a ser el más seguro, ¿y cómo lo hizo?  Pues tampoco se calentó mucho la cabeza. Aplicó la pena capital a todo aquel al que se le fuera la mano. Y no acabó ahí, también consiguió reducir a cero los robos y la corrupción hasta entonces generalizada. El método tampoco fue muy elaborado.  Todo político que se demostrara que había sido corrupto, acababa ahorcado. Así se las gastaba el hombre.
Claro que también puso en marcha otras medidas que lo dimensionan de forma distinta…
Por ejemplo, prohibió los guetos. Impidió que personas de un mismo grupo, etnia o religión no se mezclaran con los de otras y fue uno de los pioneros en lo que, posteriormente, se llamó interculturalidad

Pero, ¿y en el caso de los animales? 
Lee Kuan había estudiado en Londres pero era una persona en la que pesaba, por encima de todo, la cultura asiática… Así, sentía una enorme atracción hacia el mundo los animales y se definía como un firme defensor de los recursos naturales y la conservación del planeta. 
Quizás por eso creo el primer zoo abierto del mundo. Impidió por ley que existieran vallas o rejas en el mismo y dispuso que todas las separaciones entre los espacios que ocuparan los animales fueran naturales, creando así una auténtica reserva natural de animales.
También puso en marcha medidas importantes contra el tráfico ilegal de especies y consiguió que, al menos, en su pequeño país, no se fomentara el mismo. Y eso que, en su caso, era bien difícil porque Singapur posee uno de los animales más codiciados del mundo; el famoso tigre blanco… Solía decir de él que era, sin lugar a dudas, una de las creaciones más perfectas de la naturaleza.
Lo que, por cierto, me recuerda otra historia de mi vida… 

Arca de Noé. Abril del año 2008. 
Varios tigres blancos, procedentes la mayoría de circos y decomisos de la policía, aguardaban su traslado a otros parques de toda Europa. Habíamos conseguido, con el permiso de las autoridades, reubicar los mismos y todo estaba preparado para su traslado (el camión que los transportaría, el personal necesario para su carga, los veterinarios especializados en su cuidado…). Sólo quedaba esperar que los animales se introdujeran en el trasportín especial de hierro que habíamos preparado para ellos.
Y así, aquella mañana, uno tras otro fueron entrando en los mismos hasta que, finalmente, sólo nos quedaba el último de ellos.
Era un tigre blanco precioso, de infinita musculatura y cuerpo erguido y fuerte.
Enganchamos el trasportín al cemento con alambres para que no pudiera escaparse y enfrentamos la puerta del mismo a la de la jaula. Sólo quedaba levantar ambos cierres y, como en los casos anteriores, el animal pasaría de un recinto al otro… Pero algo falló.
El animal se asustó… Poderoso como era, saltó, corrió y se lanzó con tanta fuerza  que, de un solo golpe, rompió todos los agarres y echó por tierra todas las medidas de seguridad que habíamos preparado… 
Y así, aquel día, durante unos segundos eternos, el último tigre blanco que íbamos a trasladar, quedó libre frente a nosotros.  

Me dio la sensación de que el tiempo se detuvo. Pude apreciar cada centímetro de su piel, su cuerpo,  la belleza de su pelo, su mirada profunda, sus ojos…
Por primera vez en mi vida, no me separaba nada de él, apenas unos metros, ni valla, ni alambrado, ni muro alguno. Aún hoy me pregunto por qué no nos atacó. Si hubiera querido nos hubiera matado allí mismo pero, afortunadamente, no quiso. Supongo que el animal se quedó tan asustado como nosotros y, mientras salíamos del recinto a toda velocidad, él se metió en su dormitorio de nuevo en dirección opuesta. 
Cada uno decidió volver a ocupar el puesto que la vida nos había reservado. Él dentro de una jaula y nosotros fuera.
Más tarde pudimos conseguir finalmente meterlo en el transporte sin más sobresaltos y trasladarlo a su nuevo destino. Hoy vive en un centro europeo especializado en la protección de su especie.
En cualquier caso, nunca olvidaré que,  aquel día, pensé lo mismo que el presidente de Singapur hoy ya fallecido y es que, un tigre blanco visto de cerca es, simplemente, perfecto. 


Raúl Mérida


Nota: En el Arca de Noé rescatamos aquellos animales salvajes que necesitan ayuda. Más información en: www.fundacionraulmerida.es  o www.animalesarcadenoe.com



El animal perfecto

22/3/15

Un gran tipo

Sólo mueren aquellos a los que nuestro corazón olvida.
 
Nació en Madrid, un 24 de marzo de 1983. Joven, delgado, alto, moreno y cámara de profesión y vocación. Santiago Trancho, Santi para todos los que lo conocimos, sentía pasión por la vida. Tenía la extraña virtud de convertir el futuro en presente cuando te hablaba de alguno de sus próximos proyectos. Fue un lujo conocerle y ser su amigo. Murió unos días antes de cumplir los 32.
 
Madrid. Sábado 7 de marzo del año 2015 - 13:00. 
Santi sale con su moto destino a la capital de España. Conduce tranquilo. Es un trayecto que conoce bien.
Piensa en Ana Fernández, su novia, una conocida actriz a la que entregó su corazón desde que la conoció. Enamorado, como sólo se enamoran aquellos que tienen un corazón tan grande como él, solía decir que le gustaba verse reflejado en los ojos de su chica.
Ella, malagueña, se refería a él como el gran amor de su vida. Desde que se conocieron, jamás se separaron. Era una de esas parejas perfectas que, a veces, parece que la vida no perdona cuando se producen.  Una vez me dijo Santi que se sentía tan feliz que le daba miedo.

Aquella mañana, como otras muchas veces, su corazón y su mente caminaban juntas. Su novia, su trabajo, su vocación y, mil cosas más, volaban por su cabeza; su moto iba poco a poco, recorriendo kilómetros por la carretera M-505. El km 13, después el 14, una recta, luego  una curva y delante, un camión.  
Y, por fin, el kilómetro 15. 
Mira el reloj, son las 13:20 h. Piensa: Voy a adelantarle y sigo avanzando. 
Un frenazo brusco. Un golpe seco. Todo terminó.

Santi Trancho, cámara de televisión, famoso por sus programas junto a Nacho y Frank de la Jungla, murió en ese instante.  Su muerte me recordó a la de Félix Rodríguez de la Fuente que falleció el mismo mes y casi el mismo día, también en accidente, aunque muchos años antes.

Santi nació televisivamente, en cuanto a su fama, en la serie de Frank de la Jungla y, cómo todas las cosas importantes, fue casi por casualidad. La idea de realizar una serie de este tipo nació a raíz de un programa de Callejeros Viajeros en el que aparecía Frank Cuesta y su escuela de tenis. La persona y el personaje, tan unidos en este caso, tenían tal fuerza que cuando las imágenes llegaron a Madrid, inmediatamente, nació la idea. Sin embargo, había que montar un equipo para dar forma a ese proyecto. La productora Molinos de Papel empezó a dibujar lo que sería, no sólo un premio Ondas, sino además, un tremendo éxito televisivo, probablemente, sin precedentes.
Encargó a Nacho Medina, un gran reportero de máxima confianza, que fuera él el responsable de lo que en Tailandia ocurriera. Nacho eligió como cámara a Santi sabiendo que era un valor seguro. Y los dos se marcharon una madrugada de hace algunos años en un avión camino de la mayor aventura que habrían vivido jamás. 
Ninguno conocía entonces a Frank ni  tenían la menor idea de lo que allí iban a suceder.
Cuando se encontraron los tres juntos, Nacho, Frank y Santi, nació una nueva forma de acercar el mundo de los animales a las personas. Un estilo directo, integrando por primera vez a cámara y reportero en la grabación de cada uno de los espacios.
En realidad, Nacho fue quien tuvo la idea.  Llegó allí cargado de sus cosas, su genialidad, sus manías y esa forma de ser súper escrupulosa que siempre le acompaña. Sólo les daré un detalle para que se den cuenta de su acusada personalidad. Nunca olvidaré una comida en Valencia. Éramos sólo cinco personas en total. No sé que me resultó más divertido, si ver a Nacho que,  cada vez que le servían un refresco en uno de los principales hoteles de Valencia, miraba concienzudamente la fecha de caducidad de la misma antes de beberla o escuchar pedir a  Frank  vasos de agua caliente para beber durante el trascurso de la misma. Nada quita más la sed, decía.
A Santi lo conocí por primera vez hace algo más de cinco años. Nos encontramos en nuestro santuario de animales Arca de Noé. Llegó entonces acompañado de Frank y de Sonia López, otra grandísima reportera que, además, para mí es, por encima de todo, una importante amiga.
Aquella tarde compartí con Santi su forma de ver la vida, su pasión por el trabajo.

Comprendí, entonces, lo que el futuro acabó confirmándome cada vez que los veía juntos, y era  la relación tan especial que tenía con Frank.
Decía Carolina Cubillo, la directora de la productora y alma mater de Frank de la Jungla, que sólo hay tres personas a las que Frank hacía caso, Nacho, Santi y yo… Para mí es un honor estar entre ellas aunque no creo que sea verdad. Frank es incontrolable  porque él no es un animal televisivo, es simplemente, un animal que, eso sí, como todos los animales, tiene un enorme corazón.
En cualquier caso, ver a Santi hablando con Frank, discutir, reír, pelearse o hacer las paces, era una experiencia que aquel que la ha presenciado, nunca olvidará, porque Santi era, por encima de todo, vida en estado puro.

En fin que, cómo me dijo Sonia hace unos días, Santi era un gran tipo… Sí, sin duda, lo era.  Quizás por eso, no puedo dejar de preguntarme una y otra vez: ¿por qué siempre se irán los mejores?.
Descanse en paz, Santi Trancho.
 
Raúl Mérida
 


Nota: En nuestro Santuario para Animales Salvajes recogemos a aquellos animales salvajes que lo necesitan, la mayoría han sido víctimas del tráfico ilegal de especies, el abandono o el maltrato.  Más información en: www.fundacionraulmerida.es  o www.animalesarcadenoe.com
Un gran tipo

15/3/15

Animales invisibles


 Llamar perro a una persona es insultar al perro

Existe una casta en la india formada por los invisibles. Son personas que tienen terminantemente prohibido dejarse ver. Se les considera seres tan bajos y despreciables que sólo pueden pisar la calle por la noche. Hay quien dice que pertenecen al pasado pero muchos afirman que, cada día al caer la luz, la India se llena de sus sombras.

Hace algunos años se puso en marcha un programa para la reintroducción de jaguares en libertad. Tras criar a varios ejemplares en cautividad se procedió a su suelta al llegar a la edad adulta. Se les puso un chip con localizador a cada uno de ellos y se les llevó hasta lo más profundo de la selva. Allí se les soltó. 17 días más tarde se dejó de obtener señal de cada uno de ellos. Todos habían muerto de hambre, incapaces de cazar. La experiencia fue un absoluto fracaso.
Se calcula, actualmente, que un  perro puede sobrevivir un máximo de diez días sin comer ni beber antes de morir. Un gato, prácticamente, igual.
La pregunta es: ¿llegan a morir de hambre animales actualmente en España?
Reconozco que, si acabara de llegar a esto y me llamaran para avisarme de  que, en tal o cual vivienda, alguien ha dejado abandonado a un perro o a un gato, mi primera reacción sería pensar que, seguramente, están exagerando. Al fin y al cabo, siempre tiendes a pensar que no puede haber alguien tan miserable en el mundo como para dejar morir de hambre a su mejor amigo…

 Sábado. 17:00 de la tarde.
Los propietarios de un apartamento regresan al mismo tras varios meses de ausencia. Durante todo ese tiempo han dejado la vivienda a los hijos de unos amigos para que vivieran allí. Nada más llegar a la portería, sienten un olor raro, un hedor que cada vez se torna más intenso según se acercan a la vivienda. En cuanto comienzan abrir la puerta escuchan unos arañazos al otro lado. No siguen. Tienen miedo. Nos llaman.
Nos acercamos. Abrimos la puerta. Entramos.  Un precioso perro salta nervioso sobre nosotros. El animal no puede mover con más fuerza y rapidez su rabo mostrándonos su alegría. Está muy delgado. Se le notan las costillas, todos los huesos…
El perro nos lleva para adentro. Es como si él nos tuviera atados a nosotros y nos arrastrara hasta el interior del piso. Le seguimos. El olor cada vez es más insoportable. Avanzamos por el pasillo. Pasamos las habitaciones… y en el salón nos encontramos el cuerpo sin vida de otro perro. Jamás lo olvidaré. Muerto de hambre y de sed.
Días más tarde, la policía localizó a los chicos. Declararon que se habían olvidado de ellos.

 Domingo. 12:00 del medio día.
El propietario de una vivienda recientemente abandonada por sus inquilinos, entra en la misma para tomar posesión nuevamente de ésta. Al hacerlo, comprueba que un fuerte y desagradable olor inunda todo el piso. Escucha unos ruidos extraños que provienen del cuarto de baño. Se acerca a la puerta. No se atreve a abrir.  Parecen animales. Comienza a sentirse mal. Nos llama. Nos pide ayuda.
Minutos  más tarde llegamos al piso. Sentimos el olor. Nos acercamos a la puerta y, poco a poco, abrimos la misma.
Frente a nosotros aparece una imagen terrible. Una perra muerta tumbada sobre el suelo. Lleva varios días sin vida. Su cuerpo ha comenzado a descomponerse. Alrededor de ella, cuatro cachorros desnutridos sobreviven mamando los restos de leche de su madre. Apenas tienen un par de semanas…
Días más tarde la justicia localizó al propietario de la perra. Reconoció que había abandonado a ésta cuando estaba a punto de dar a luz. La encerró en el aseo sabiendo que jamás saldría con vida de allí.

 Domingo. 15:00 de la tarde.
El propietario de un piso alquilado, dado que se han marchado los antiguos inquilinos, vuelve a alquilar el mismo. Los nuevos habitantes toman posesión de la vivienda. Hacen la mudanza. Colocan sus cosas. Meten su ropa en el armario…  Pero, al hacerlo,  descubren que en el interior de uno de los roperos hay una urna de cristal. No saben de qué se trata. Sólo se ve la parte de arriba. Golpean con la mano el cristal y, entonces, una inmensa pitón de más de cuatro metros de largo se presenta ante ellos dentro del terrario. Dan un salto para detrás. No es posible. Llaman a la policía.
Los propietarios del animal nunca pudieron ser localizados.

Son sólo tres historias que representan a los miles de casos que suceden cada año en España… 
Y es que, por muy increíble que nos parezca, en nuestro país sigue existiendo un número infinito de perros y gatos absolutamente invisibles, animales abandonados y encerrados que,  cada día mueren como sombras olvidadas, sin que nadie jamás sepa que una vez existieron.

Descansen en paz todos ellos.

Raúl Mérida



Nota: Las tres historias recogidas en este artículo son, absolutamente, reales. Los cuatro cachorros salieron adoptados durante los días siguientes a su rescate. El perro que se deshacía en alegrías con nosotros cuando entramos en el piso, vive hoy feliz junto a una nueva familia en Asturias. La serpiente, una pitón albina, vive actualmente en el Santuario de Animales salvajes Arca de Noé. Más información en www.fundacionraulmerida.es o www.animalesarcadenoe.com


Animales invisibles

8/3/15

Un triste tigre

Hay hombres que, de hombres, sólo tiene sólo el nombre.

Cuentan  los relatos de la época que los antiguos romanos las pasaban, literalmente, putas, para conseguir que los leones y los tigres que usaban en los circos romanos, atacaran finalmente a los cristianos. 
Es curioso pero, poco se imaginaban ellos que, seguramente, esa persecución incansable contra aquellos primeros seguidores de Cristo y, ese odio visceral que les tenían, acabaría produciendo el efecto contrario. 
Desde entonces hasta ahora, nadie ha creado más fé y devotos en el mundo.
El caso es que, aquellos pobres cristianos eran apresados y días más tarde, sacados a la arena y expuestos en la misma ante todo el pueblo romano. El emperador, entonces, se levantaba orgulloso del sitio y hacía una señal hacia el lugar desde el que se escuchaban rugir a las fieras. 

Hay que pensar que si actualmente en el Arca tenemos leones y tigres y, cuando rugen, es decir, todas las mañanas, se escucha el sonido de sus gargantas en varios kilómetros a la redonda… Imaginémonos, entonces, cómo debían escuchar aquellos desdichados a esos animales de los que les separaban tan sólo unos pocos metros. 
Es fácil suponer que, a la par que sus oídos quedarían sordos al escucharles, sus corazones resultarían paralizados por el miedo. Quizás por eso y, guiados por su fé infinita, era habitual ver como éstos se ponían de rodillas en medio del circo y comenzaban a rezar con fervor.
Entonces se abrían los portones donde se encontraban los animales y éstos salían asustados por el bullicio de la gente que asistía expectante, ávida de sangre y muerte. 
Sin embargo, las "fieras" muy lejos de atacar, aterrorizadas, se dedicaban a intentar huir.
Cada vez que esto ocurría, algo bastante habitual, el emperador viendo que el asunto tenía poca solución, exigía la salida del domador para que, junto a los cristianos y, también a los animales, fuera convenientemente ejecutado por los soldados a sus órdenes.
Cuentan que por los circos romanos pasaron decenas  de domadores, cientos de leones y tigres, y miles de cristianos. 
Todos murieron.

Supongo que, como siempre, el hombre ya demostraba en aquella época  que, cuando se lo propone,  nadie es más animal que él, con perdón de los animales, claro está… 
A veces pienso que aquellos domadores serían hoy en día simples aprendices al lado de lo que han mejorado la técnica algunos de los actuales o, mejor dicho, "desmejorado" la misma.
Digo esto porque, cuando me enteré hace tiempo de cómo entrenaban algunos domadores a los tigres en los circos para realizar el baile del fuego, se me pusieron los pelos de punta.
El número que les cito, tan famoso como antiguo, consiste en que, el tigre cuando está en la pista debe  simular que va caminando subido sobre un elefante y atravesar, a su vez, un aro de fuego…  De ahí su nombre.
Al parecer, para prepararlos, los cogen y los colocan sobre una plancha de calor a la que van subiendo, poco a poco, la temperatura. Mientras esto ocurre, se escucha un tambor. Finalmente, tras repetidos y repetidos ensayos, acaba asociando el sonido con el dolor. El animal, a partir de ese momento, cada vez que oiga el tambor, inmediatamente, comenzará a levantar sus patas como si estuviera andando, convencido de que, si no lo hace, se quemará como tantas otras veces.
Ésta es una de las formas de lograrlo… Las demás están basadas en el uso de la fuerza, la violencia y la paliza continua cuando son cachorros. En fin, uno ya no sabe lo que es peor.

Por eso, cuando Llama, un precioso tigre de bengala, llegó hasta nosotros con las palmas de sus patas quemadas por esa maldita plancha, sólo pudimos llorar, gritar, emocionarnos, enfadarnos y mil cosas más, pensando en todo lo que había sufrido ese animal. Nos contaron que alguien subió demasiado la temperatura de la misma y, lo que debía ser una “simple” quemadura, se convirtió en una de primer grado.
Imagínense, durante mucho tiempo el pobre animal no podía andar. Se desplazaba por su jaula, como buenamente podía, sin apoyar las palmas de sus patas, cojeando sin poder remediarlo… 
Por eso, porque ya no servía para ser tigre de feria o espectáculo, fue abandonado.
Nosotros lo acogimos en el Arca y, poco a poco, los cuidados veterinarios y la madre naturaleza fueron haciendo que la yaga se convirtiera en callo, y, el callo, finalmente, en piel.
Hoy vuelve a ser un tigre por derecho propio, seguramente igual que  aquellos animales que, quizás por pánico, miedo o,  simplemente, porque todos los rezos obraban el milagro, se negaban a atacar a los cristianos en los circos romanos por mucho que el emperador quisiera…  
Al fin y al cabo, desde entonces hasta ahora, algunos hombres siguen demostrando, día a día, en su trato hacia los animales y también hacia las personas que, de hombres, sólo tienen el nombre.

Raúl Mérida


Nota: Llama vive actualmente junto a otros tigres, leones y muchos otros animales en muestro Arca de Noé. Desde la Fundación Raúl Mérida rescatamos a aquellos animales salvajes que necesitan ayuda y los acogemos en nuestro Santuario para Animales Salvajes.  

Un triste tigre

1/3/15

El niño lobo

Son dos lobos ibéricos y les aseguro que, aunque se parezcan, nadie jamás podría confundirlos con un par de perros porque, entre otras cosas, por encima de todo, portan sobre sus cuerpos y sus miradas la más pura estirpe de la vida salvaje.

Y no, no están en nuestro santuario por gusto. Lo están por pura necesidad.
A Lupus, el macho, lo recogimos cuando el zoo en el que vivía pidió autorización para su sacrificio. Afortunadamente, alguien nos llamó. 
A veces pienso que cuántos morirán sin que nos enteremos, sin que ni siquiera podamos intentar salvarlos. 
Por otro lado, si no existen centros como el nuestro en toda Europa, si no hay ayuda económica alguna para la labor que desarrollamos, ¿qué futuro puede aguardarles a todos ellos?
Iris, la hembra, fue rechazada por su grupo. Eso en el mundo de los animales es una desgracia infinita. Significa  peleas, ataques y, a veces, hasta la propia muerte.

Ahora viven los dos juntos en el Arca. Se han hecho amigos. Se entienden.  Se respetan y protegen.  
Cada uno recorre milimétricamente la senda que sus propios pasos ha acabado dibujando sobre el terreno, caminan continua e incansablemente, no paran nunca… Sólo se tumbann para  dormir y refugiarse juntos del relente y la soledad de la noche.
Son recelosos, valientes y miedosos a la vez, escurridizos, esquivos y tan misteriosos que nunca sabes que pensar… 

Quizás, por eso, hay veces que, sin poder evitarlo, al verlos, recuerdo  aquella historia que sucedió en España hace algunos años, aquella que tuvo por protagonistas a unos lobos y a un pequeño niño abandonado.

Añora. Córdoba. 1946. 
Aquel año España seguía sumergida en la marginación más oscura y la peor hambruna de la posguerra. Cuentan que  desaparecieron hasta las ratas porque, por un lado, nada tenían éstas que comer y, por otro, eran muchas las personas que se alimentaban de ellas. 
La familia de Marcos Rodríguez era una de esas.  Sin nada, sin absolutamente nada, con la piel pegada al estómago a fuerza de no comer, llegaron al extremo de   decidir vender a su hijo. 
El comprador fue un rudo y duro pastor de cabras de la zona, conocido en la comarca tanto por sus nulos escrúpulos como por sus salvajes costumbres.
Marcos, con tan solo 7 años de edad, comenzó a cuidar de su ganado en  plena Sierra Morena. 

Los primeros días la convivencia resultó brutal para él. Golpes por la mañana, restos de animales crudos para comer al medio día y palizas para dormir… 
Y, siendo malo todo aquello, aún se convirtió en peor cuando una mañana, de pronto y, sin más, descubrió que aquel infame pastor y su rebaño habían desaparecido y lo habían dejado totalmente abandonado.
Quedó solo y totalmente desvalido en lo más profundo de la  sierra.
Las primeras horas fueron tan, tan duras, que todo hacía presagiar que más bien serían las últimas en la vida de Marcos. 

Pero, quiso la extraña fortuna que una manada de lobos de la zona, al encontrárselo, en vez de atacarlo, matarlo y comérselo, como hubiera dictado cualquiera de las leyendas negras que acompañan a estos animales, decidieran justo lo contrario.
Al verlo tan indefenso e inofensivo, se dedicaron a protegerlo, cuidarlo y salvarlo, aceptándolo como uno más de la manada. 
Los lobos comenzaron a  compartir con él comida, cobijo y, lo que era aún más importante, su calor… Y así, aquel niño, durmiendo entre ellos dentro de una cueva, pudo sobrevivir a  los bajo ceros de las madrugadas.

Marcos se integró totalmente en su mundo y se olvidó del nuestro. Aprendió a andar como ellos, a caminar apoyando sus manos sobre el suelo, a hablar en su lenguaje de aullidos y hasta a olfatear lo que ocurría más allá de donde la vista le podía alcanzar.
Y, no crean, pasó mucho, mucho tiempo así hasta que, a los doce años de edad, fue  descubierto por la Guardia Civil. 
Lo encontraron corriendo entre la manada cuando todos juntos huían de una cacería organizada para matarles. 
Los agentes no podían creer  lo que veían, aquel que corría entre todos los lobos, era sólo un niño… 

Hoy Marcos tiene 70 años y vive en Galicia. Su historia es una leyenda pero una leyenda real.  
Le gusta repetir una y otra vez, a todo aquel que quiera escucharle, que la vida que lleva ahora es más mala que aquella que llevó entre los lobos <<pero mucho más>>, añade siempre. 
Y dice que, si hay algo que nunca llegará a entender, es que haya personas capaces de hacer daño a un animal. 

Así que, ya ven, cuando ahora, todos los días, veo correr a los lobos que tenemos recogidos en el Arca o escucho sus aullidos al anochecer, pienso siempre si no serán nietos  o biznietos de aquellos otros que protegieron a aquel niño, los que lo cuidaron, los que lo salvaron… e inevitablemente me pregunto igual que Marcos, ¿cómo es posible que alguien pueda hacerles daño?


Nota: En el Arca de Noé rescatamos aquellos animales salvajes que necesitan ayuda. Más información en: www.fundacionraulmerida.es  o www.animalesarcadenoe.com

El niño lobo

15/2/15

Animales que dejan huella

¿Han visto alguna vez a un perro abandonado? ¿Creen que todos los animales que se encuentran sueltos o andando libremente por la ciudad, van siempre acompañados por sus dueños? Si piensan que sí, se equivocan.

Aparecen en cualquier rincón. Lo hacen perdidos, nerviosos, hambrientos y, a menudo, repletos de garrapatas y mucha miseria. 
Los encuentras olisqueando el asfalto, concentrados en  los mil olores que llenan el aire de cualquier ciudad. Siempre alertas, siempre atentos, siempre buscando algún rastro que les pueda llevar de vuelta a casa.
Y, por increíble que parezca, no son ni uno ni dos. Más de medio millón sólo el año pasado. 

Sin embargo, siempre  me sorprende que hay gente que, ante la cifra anterior, se extraña. A éstos siempre les pregunto si ellos alguna vez se encontraron a alguno. La respuesta es unánime, todos te dicen que no. ¿Cómo es posible? ¿Será verdad que para ver, realmente, antes hay que mirar? 
A lo largo de mi vida, por desgracia, yo he visto a muchos…  Y, por fortuna, no he olvidado a ninguno de ellos.

Es curioso, normalmente, las personas cuando tienen animales cuentan su vida en base a los perros o los gatos que han tenido. En mi caso, son  los animales maltratados o abandonados los que marcan las fechas de mi vida.
Por ejemplo, aquel perro al que unos chicos echaron gasolina y prendieron fuego sin importarles nada o aquel otro que  apareció muerto y diseccionado en la puerta de su casa,  me sitúan claramente al final de los años noventa
Unos meses más tarde, una mañana de domingo, mis recuerdos me llevan a una vía perdida de tren, donde alguien había atado a los raíles a un pobre pastor alemán. El animal había sido arrollado por un cercanías.
Tras éstos llegaron otros muchos casos... Unos arrojados desde balcones, otros envenenados, otros tirados al mar...
También el abandono marca mi calendario con sus repetidas e idénticas historias, por cierto,  siempre en las mismas épocas.
Por ejemplo, la primavera es temporada alta en el abandono de  camadas. Miles de  cachorros muertos de miedo aparecen en toda España junto a contenedores de basura. ¿Para cuándo una conciencia nueva sobre la importancia de la esterilización?
El verano, sin embargo, es época de abandono de regalos. Muchos de los perros y gatos que llegan a los hogares cerca de Navidad son obligados, año tras año, a cambiar el salón de la casa por el asfalto de la ciudad, cuando sube el calor.
Y, ya ven,  así, un mes tras otro…  ¿Y febrero? ¿Es también especial?
Pues sí, por desgracia, sí…  Estamos en pleno abandono anual del perro de caza. 
La temporada, prácticamente, terminó y, como todos los años, comienzan galgos, podencos, bracos, pointer y, perros de caza en general, a aparecer solos y perdidos en los alrededores de la ciudad. 
Dicen las estadísticas  que, este año, de nuevo, se contarán por miles en toda España. 

Y, ya ven, siendo una cifra infinita y maldita, aún esconde algo peor…  La realidad de todos aquellos que no llegarán si quiera a ser abandonados porque antes serán ejecutados por sus dueños.
Me refiero a todos esos desdichados que todos los años aparecen en estas fechas ahorcados en árboles secos de bosques perdidos, campos oscuros y escondidos, recónditos lugares sin nombre conocido, que yo siempre imagino que, a partir de ese momento, se llaman como cada uno de los perros que en ellos mueren. Territorio de Lucero, Perla, Canelo, Luna… En fin. 
Pobres animales que, al final, son noticia de un solo día. Aparecen sus cuerpos, nos conmocionan sus imágenes. Las protectoras de animales denuncian y protestan, con razón, indignadas, las asociaciones de cazadores reclaman su derecho a que no se les considere a todos iguales… Y, días más tarde, desaparece el hallazgo de los medios y pasan, de nuevo, al silencio. Pero, no crean, no al olvido… 
Porque cada uno de esos cementerios clandestinos de animales son una de las mayores vergüenzas de España… Y porque, al revés de lo que pasa aquí, en países como Alemania, Holanda o Francia, durante todo el año, las televisiones naciones emiten, por cierto, en prime time, imágenes de cómo tratamos en nuestro país a los animales porque, no se equivoquen, en eso, desde luego, no somos europeos. 

Animales que dejan huella